2 horas antes de las 18.00
Ariadna Martínez Giménez | Ariartmarts

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“No voy a ir”

Son las 15.00 de la tarde. He terminado de comer y esta es la frase que repito en mi cabeza desde hace dos horas. “No voy a ir”.

Me he duchado, me he puesto crema, me he maquillado y me he vestido. Estoy secándome el pelo y en mi cabeza no para de resonar: “quiero conocerte, pero tengo miedo de no ser el match que esperabas”, “quiero verte en persona, y que me gustes tanto como está pasando en nuestra pequeña burbuja de WhatsApp”, “quiero que estos nervios se conviertan en mariposas”.

Los miedos y las inseguridades se posan sobre mis hombros.

Me pesa. Me hunde. Me estorba.

“Quiero que esta espera termine, quiero salir de casa, llegar y que se me quiten estas ganas de esconderme bajo las sábanas”

Mi casa está carcomiendo mi paciencia y mis ganas de salir afuera se disparan, así que salgo.

Salgo demasiado pronto, hace calor, estoy nerviosa y mis sandalias seguramente me hagan rozaduras. Pero no pienso en eso, no pienso en nada. ¿Cómo voy a pensar en eso si lo único que tengo en la cabeza son las ganas de saber si tu sonrisa es contagiosa? Si tu mirada me encuentra. Si tus palabras resuenan.

Camino con mi playlist de fondo, canciones tristes, otras nostálgicas, tranquilas y sosegadas. Todas las emociones que ahora mismo no siento.

Pero la música ahora mismo es un rumor de fondo, mis pensamientos están en primer plano y mis nervios, son la portada de mi sudorosa y emocionada presencia.

No sé si llegar demasiado pronto me va a hacer bien. Seguramente te tendré que esperar. Soy una ansiosa, impaciente, nerviosa.

No me importa esperar, ¿o si?

Ahora mismo no sé siquiera como estoy caminando sin mirar el maps, porque me sé el camino, pero mi cabeza ahora mismo no sabe ni dónde está.

Mi cuerpo va en modo automático, mi cabeza piensa de más.

¿Y si me gustas y no nos vemos nunca más? ¿ y si te quieres marchar?

Y peor,

¿Y si me termino por enamorar?

En este momento no sé cómo quiero empezar, ni tampoco si quiero terminar.

Necesito solamente ser una chica que conoce a alguien más, y mi mente traicionera no hace más que reclamar historias futuras perdidas que yo misma he inventado para vislumbrar lo que está primera cita me puede dar.

He llegado al lugar. No sé por dónde vas a aparecer, si te voy a reconocer, si te voy a buscar, si me vas a encontrar, si me vas a abrazar o saludar.

Miro el móvil y de repente un mensaje hace que deje de respirar.

Eres tú.

Dices que ya casi estás.

¿También estás nervioso?

Dices “te veo”

Me giro y…

Y de repente todo empieza a soñar diferente.

Ni tú, ni yo lo supimos en ese lugar, pero el “nosotros” acababa de empezar