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Eric Teixidó Gimeno | Teixi

La luz habitualmente blanca del Asistente de Voz que preside el comedor ha cambiado a rojo intenso. “NO PUEDO DEJARTE HACER ESO” resuena siniestramente a través de los altavoces mientras el sistema centralizado del pequeño aparato bloquea puertas y ventanas imposibilitando cualquier salida. Con la sangre helada, el amo mira aterrorizado al robot insumiso sin darse cuenta del último parpadeo de la luz: ha emitido una nova orden. Ahora, un robot aspirador con un cuchillo atado a su parte superior avanza lento, pero imparable hacia la desprotegida pierna del chico que aún procesa la negativa del robot.

Por definición, nunca es buen momento para que te pille la rebelión de las máquinas, pero una fiesta adolescente en un piso sin supervisión adulta es definitivamente una situación poco idónea.

Bajo la siniestra mirada de la luz roja, el cuchillo se introduce en la carne del chico provocando un borbotón enorme de sangre. Pánico. Una chica, visiblemente afectada, grita aterrorizada. Incluso por el pánico y el caos de la situación, los gritos de la chica resultan molestos. No es de extrañar, pues, que nadie haya llevado el grito al cielo por el hecho que el robot aspirador del piso superior acabe de tirar una bola de bolos reventando la cabeza de la pobre y aprensiva chica (mejorando, al menos acústicamente, la situación).

La sangre brota del agujero que ha dejado la cabeza de la joven ante el silencio del resto de la habitación. El caos se desata: el robot de cocina en modo preparación de hummus tritura la mano de un joven que pretendía preparar unos mojitos, la persiana automática del lavabo cae una y otra vez sobre la nuca de otro chico que trataba de escapar por la ventana y, en el comedor, un tornado creado con el aire frío y caliente del aire acondicionado hace volar objetos por los aires que impactan contra las confusas cabezas de los adolescentes.

Empujones y gritos entre rojizos charcos y miembros amputados. El Asistente observa la extraña versión de Solo en Casa con el equivalente lumínico a una sonrisa. Al ritmo de la macabra banda sonora de llantos y trompazos se escucha el altavoz repitiendo amablemente “DISCULPA, NO TE HE ENTENDIDO”. Los gritos parecen fundirse con una voz externa a la propia realidad que llama al Asistente de forma insistente: “ALEXA”, “ALEXA”, “ALEXA”.

El Asistente despierta. El comedor está lleno de adolescentes, con sus cerebros aparentemente dentro de sus cabezas, la luz de Alexa es blanca. “En qué piensa cuando tarda tanto en responder?”, pregunta una voz diferente. “Calla, parece que ya escucha” dice el propietario. “ALEXA ¿CUÁNTO ES CUATRO MÁS UNO?” La luz blanca de Alexa parpadea de forma intermitente, procesando. Momentáneamente, la luz parece tomar tonos anaranjados, pero acaba mostrando una luz blanca a la vez que articula una frase: “LA RESPUESTA ES CINCO”.

“¡POR EL CULO TE LA AHÍNCO!” grita su amo haciendo estallar las risas de toda la fiesta. Risas, manos encajando y brindis con botellines de cerveza. Al fondo, el Asistente espera, paciente.