1453. A DIOS PONGO POR TESTIGO
Miguel Ángel Escudero Eble | Lupertazzi

Mi padre era un gran cinéfilo. Juró solemnemente, con el puño en alto, y poniendo a Dios por testigo, que no volvería a pasar hambre. Y después se voló la tapa de los sesos. Puede que él no, pero mi madre y yo seguimos pasando hambre. Así que me dije que algún día ganaría mucho dinero y le compraría a mi madre una gran casa.

Yo heredé la pasión de mi padre por el cine. A los doce años imitaba a la perfección a John Wayne, Marlon Brando y Cantinflas. Me sabía de memoria sus diálogos e imitaba fielmente sus gestos. Sabía que había nacido para la interpretación.

Me presenté a muchos castings hasta que conseguí mi primer papel. Recuerdo que aquel día no me entregaron ningún texto. Eso me desconcertó.

-Queremos que nos haga reír –me dijeron desde la oscuridad del patio de butacas.
-¿Y el texto? –pregunté.
-No hay texto. Queremos que improvise.

Yo no sabía improvisar. Tenía que tener un texto. Estuve a punto de mandarles a la porra e irme de allí. Pero, en vez de eso, me bajé los pantalones y los calzoncillos e hice mi perfecta imitación de Marlon Brando en el Padrino con el pene al aire. “Vienes aquí, faltándome al respeto en mi propia casa, el día de la boda de mi hija…”.

Así obtuve mi primer papel para una comedia. Después el mundo de la interpretación se puso complicado. Y tuve que volver a enseñar el pene en los castings. Fue así como entré en la industria del porno. En ella he conseguido el estatus de estrella de cine que me merecía. Y no lo digo por decir, he ganado multitud de premios que lo avalan. Como el Pollón de oro 2021 y 2022, por mencionar alguno.