A LA MIERDA LA UNIVERSIDAD
VICTOR MORENO LOZANO | Arshavintor

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Nervios e ilusión, miedo e incertidumbre, ganas y presión ¿Por qué? El esfuerzo previo era preciso premiar, además de en el éxito académico, por mantener la popularidad, ya que una época dorada acababa de terminar.

Ausencia de permiso para un automóvil manejar, distancia desde casa al recinto donde mis estudios cursar y una relación tóxica que limitaría mi modo de socializar, además de, por estos motivos, olvidarme de la idea de un piso de estudiantes compartido barajar.

Debido a esta necesidad, un trasporte necesitaba yo para desplazarme a poder estudiar. La novia de mi primo, de más avanzada edad y por su belleza popular, sería la candidata ideal. Avísela yo de mi necesidad y sin ningún tipo de duda ella va a aceptar la mercancía de mi persona transportar. Acordó conmigo que ese día, cuando en mi puerta de casa estuviera, el claxon habría de tocar. Mi celosa novia, al ser mi taxista prima política bastante tranquila va a quedar.

Llega ese día, suena el claxon, abro la puerta y con nervios yo levantando la mirada y la mano la voy a saludar, con tan mala suerte de no mirar donde piso que una tremenda boñiga de perro pastosa en mi primer paso voy a pisar.

Zapatillas con suela de franjas, que mala suerte tengo, llego a pensar. Aquel truño que más que un perro un caballo debió cagar, con bastante adherencia en mi parte más baja se va a incrustar.

Saludo nervioso a aquella bella dama, con la que jamás una palabra antes tuve suerte de cruzar y mi primera acción va a ser un clínex solicitar, para aquella tremenda deposición limpiar.

Hedor nauseabundo durante 30 minutos de trayecto vamos a aguantar y aquel papel poco conseguía eliminar. Llegando al recinto, entro al baño, descalzándome y pasando la suela por el grifo a presión, el cual tampoco consigue aquella sucia prueba lavar.

Entro a clase y me siento detrás comprobando que un tremendo olor a heces de perro me va a rodear. A los veteranos y compañeros para un mínimo de cuatro años esa mañana nos querrían presentar.

Miedo tenía yo a que `El Mierdas´ me quisieran durante este periodo llamar y rápido decidí lo siguiente: la suela de esta zapatilla contra el suelo voy a apretar. De esta manera pude comprobar, que el olor tendía a cesar, a la par que la sangre por mi pie dejaba de circular.

Siete horas así podrían crear la necesidad de mi pie amputar, pero había en juego algo muy importante, mi futura popularidad e integridad. Mereció la pena el esfuerzo de levantarme de allí tras ese tiempo y disimular el cojear, ya que mi futuro en juego podía estar. La realidad era que este día era tan importante pese a esta gran apestosa dificultad, porque no era otro menos trascendental que mi primer día de universidad.