A LAS ONCE EN CASA
Reka Refojos González | FOIXOS

5/5 - (1 voto)

─Recuerda que a las 11 las monjas cierran las puertas. Son muy rectas e intransigentes ¿Estás seguro que nos va a dar tiempo? ─Fue lo primero que me dijiste, a modo de saludo.

─Tranquila, incluso nos vamos a tomar una hamburguesa en el Otis, la mejor hamburguesería de la ciudad. Tendremos tiempo para todo ─respondí intentando demostrar una total confianza en mis palabras─. En la moto llegamos en un pispás a cualquier lado. Tengo todo controlado.

Nada más lejos de mi ánimo que el tener la situación bajo control. Claro que ella no me conocía todavía y no podía saber que si hay algo en esta vida que me hace disfrutar es la improvisación. Iba a ser nuestro primer cine juntos, nuestro primer paseo (en moto) y nuestro primer beso. Esto último lo deseaba con toda el alma. La peli era de rabioso estreno: Xanadú, un musical con Olivia Newton John y Gene Kelly. El clima romántico estaba garantizado, lo que pasara después dependía solo de nosotros dos.

Cuando llegaste a la puerta del cine yo llevaba más de 20 minutos esperando con las entradas en la mano. Tú no llegaste tarde, solo que yo estaba ansioso e impaciente por volver a verte y compartir contigo una velada completa. La película fue el pastelito de crema que había anunciado la crítica. No nos importó. No hubo beso. Tampoco importó. Ni siquiera hubo hamburguesa al salir. Pedimos una pizza en la pizzería que había al otro lado de la calle ─hoy no queda ni el edificio─. Tú te encargaste de llevarla y yo de llevaros a las dos. La orilla de la playa de Samil era el lugar ideal para comer, charlar, reír y seguir conociéndonos. Nos acomodamos como pudimos en la pequeña Derbi Variant y nos dirigimos hacia el arenal.

─Dani, la hora…

─Tranquila, hay tiempo para todo.

Y sí, desde luego que hubo tiempo para casi todo. La pizza duró poco, había bastante hambre. Las cervezas las estiramos algo más. La marea nos fue alejando de la orilla a medida que se acercaba la luna. Las risas, esas si que duraron, tanto como la canción de Sabina: “Y nos dieron las diez /las once, las doce / la una, las dos y las tres”. Y así hasta el amanecer. Y llegó el primer beso, largo, profundo, húmedo. La noche fue un torrente de primeros besos, primeras caricias y primeros tequieros. Con la llegada del alba sonó el despertador de la razón. Montamos en la motocicleta y regresamos a la ciudad, tú directa a tu trabajo y yo al mío. No hubo arrepentimiento ni reproches por no haber llegado antes de las once a la residencia de las monjitas.

Años más tarde yo descubrí que a ella le aterrorizaban las motos y ella descubrió que yo era incapaz de soportar un musical… pero Xanadú sigue siendo una de nuestras canciones favoritas.