173. A MÍ, GRACIA, POCA.
Ruth Tena | Nate (Neit) Diaz

Dicen que tengo una vis cómica y monologuista. Puede que venga de una adolescencia llena de no risas a mis ingeniosos chascarrillos, que, tras ciertos segundos, tapaba con una risita algo histriónica.

Soy hiperbólica crónica. Como mis gestos y mis tacos. La gente se ríe más cuando hay tacos y con cerveza, más.

Como comenzó:

Sicilia, 1912, …¡ay Sofía!

En este caso no hay campesinas, solo un par de jóvenes, guapas y urbanitas. “La otra”, menos de todo que yo, et» moi», que cruzarmos el charco para pasar unos días en USA, donde el exceso de USO, provocó LA DECADENCIA DE UNA AMISTAD

Llegamos a Boston. Maravilloso aeropuerto. Corredores inmensos, interminables, deslumbrantes que acaban en otro oscuro y negro. El del metro. Un gritito me sobresalta. “La otra”, se da cuenta de que se ha dejado las gafas en el avión.

Aún recuerdo la última pregunta antes de salir del asiento con vida propia que nos engulló durante 7 horas.

-¿Lo llevas todo? ¿Las gafas?

– “”YESSS!!!!!” me dice la cabrona. No solo porque estemos en USA sino porque ha vivido muchos años en UK.

Menos mal que el aeropuerto está lleno de latinos amables, contentos de ver a algún español que no sea Colón, y mientras ella, con sus patitas cortas y porte atlético recorre a la inversa los pasillos aeroportuarios, yo me quedo de cháchara. Tardamos casi más en recoger las gafas e ir al hotel, que lo que tardó el vuelo.

¡Hotel! ¡Por fin! No beso el suelo porque la moqueta me da asco.

Nos instalamos. Maletas ordenadas. Al menos la mía. Ella es de abrir y revolver…

– Ready! Me dice.

¡Por fin! ¡Recuperemos las horas invertidas en buscar unas gafas de farmacia! Ella sonriendo a extraños y yo, haciendo fotos.

Todo iba “más o menos”. Las comidas, incluidos los desayunos, se hacían fuera y el conflicto “fondo monetario internacional” nos lo ahorramos hasta llegar a NY. Pero hubo otro drama antes debido a su caos y mi obsesión por el orden y dejar la taza del váter bajada.

A mí, gracia, poca.

Tenemos que coger el vuelo a NY y no me habla.

¡Qué paz! Si lo llego a saber, discutimos antes.

Llegamos al aeropuerto. Hay un estand de desayunos free. Ella es muy free en general y si es gratis, más. El “doggy bag” a base de baggels en el escote, muy castizo, aumentó su presencia en dos copas.

Embarcamos.Sigue sin hablarme.

Gruñe.

Se sienta.

Gruñe.

Se ajusta el cinturón. Con fuerza. No respira…

Toda esa ira y la cirugía de baggels, en tan solo un metro cincuenta.

Se levanta.

Cambia de sitio.

Otra vez.

……

El vuelo era temprano. Eramos dos gatos, 4 bagels, ella y yo, disfrutando del “espectáculo”.

Me hastía. Calmada y algo maternalista, le propongo sentarse en la rodillas del comandante,…

Me mira con desdén… “Me falta dinero”, dice.” Cuando lleguemos a NY me enseñas tu maleta”.

Oshhhhtia qué viaje! Podría haber pasado de “guapa urbanita” a “guapa presidaria”. Me contuve. He visto “vis a vis”.

“La otra”, es caótica, gruñona y desordenada y yo, de repente, ladrona.

A mi, gracia, poca.