317. A3 NEGRO EN LA PUERTA
Pedro Pablo Pellón Pulido | Pedro4P

Lo siento, soy un tío sieso –parafraseando al maestro Joaquín Sabina, diría que soy el hombre del traje gris-; mi mujer dice que si buscas “aburrido” en la wikipedia, aparece mi foto y una breve memoria de todas situaciones en las que he aguado la fiesta a mis amigos y familiares. Y sí, ¿qué le voy hacer?, soy un tío serio. Pero… hace hoy ocho meses que todo cambió: resulta que era un día normal en mi vida, estaba de viaje de negocios en un barrio aburrido de una aburrida ciudad. Vamos, que todo lo había programado de forma acorde a mis gustos, pero ese aburrido día laborable ocurrió algo inesperado: Me encontraba en un hotel –aburrido, lógicamente-, realizando el “check in” en la recepción, cuando en un momento dado, entra un señor a toda velocidad desde la calle, con “cara de pocos amigos” (casi diría que ese tipo también era un tío sieso como yo, pero no, por la expresión de su cara, más bien parecía una persona entre preocupada y cabreada). El caso es que el interfecto en cuestión, espetó unas voces diciendo: “¡HAY UN A3 NEGRO MOLESTANDO EN LA PUERTA!, ¿NO ES DE NADIE?”.

El típico rum-rum y murmullo de la recepción se apagó, toda gente que estábamos en el hall nos quedamos callados, el señor se dio media vuelta y salió con las mismas prisas que entró.

Seguíamos en ese tenso silencio, cuando me fijo que tengo enfrente dos señoras mayores (una de ellas tenía un “sonotone” y hablaba muy alto a su amiga), total que esa mujer le pregunta a su amiga –con cara de preocupación-: “¿HA DICHO QUE HAY TRES NEGROS MOLESTANDO EN LA PUERTA?”.

Bueno, bueno, bueno, la carcajada que solté se escuchó dos plantas más arriba del hotel. Todos los clientes que estábamos en la recepción, entramos en una hilaridad colectiva que ayudo a quitarnos la tensión acumulada por las voces que nos había dado el tío rarito del A3 negro.

Estuve 10 minutos tirado en el sofá de la recepción, reprimiéndome la risa, hasta lloraba mientras intentaba no seguir riéndome. Finalmente recuperé a mi yo serio y pude acercarme a terminar de realizar “check in”.

Como veis, hasta en un lugar tan serio como la recepción de un hotel, siempre puede saltar un instante de risa colectiva. Instantes tan divertidos ayudan a quitarnos tensión y son muy sanos. Además, momentos así: te ayudan discernir lo importante de lo accesorio, te hacen replantearte la Vida. Yo, desde ese día he cambiado: ahora soy “la alegría de la huerta”, “el perejil de todas las salgas”, vamos, que soy otro, pero literal, porque tuve que entrar en el programa de protección de testigos por un asuntillo que no me dejan explicar aquí.

Es más, unos tíos de negro del Gobierno me están haciendo señas para que deje de escribir, que nos tenemos que ir a otro hotel.

Por cierto…. “¡HAY UN AUDI A3 NEGRO MOLESTANDO EN LA PUERTA!, ¿NO ES DE NADIE?”.