522. ÁCAROS
Luciano Montero Viejo | COMETA AZUL

Un ácaro visto al microscopio es un ser realmente repugnante… excepto para una ácara. El de nuestra historia era un magnífico ejemplar de quinientas micras cuya hembra –llamémosla Elsa- habría sido la más feliz de las arácnidas si no fuese por los celos. Willy –llamemos así a su galán- saboreaba con soñadora fruición las partículas que desprendía la nacarada piel de otra hembra: la bella usuaria humana del colchón en que ambos habitaban. A Willy, que siempre había sido megalómano y pretencioso, le consumía este amor disparatado e imposible.
Pero entre las hembras acáridas funciona una solidaridad inquebrantable, y no hay piel humana que resista a medio millón de ácaras segregando desechos a destajo. Así que la bella rival sufrió una feroz urticaria y el colchón de Elsa y Willy acabó en el vertedero municipal. Allí finalizaron sus días, consumidos ella de amor, él de nostalgia y ambos de inanición.