695. ACECHO NOCTURNO
José Luis Guerrero Carnicero | Urregore

Entró a última hora de la tarde por la ventana, se ocultó tras las cortinas y esperó pacientemente. Unas horas después su víctima entró en la habitación, se acostó y se dispuso a leer un rato con la luz de la lamparilla encendida. Eso no lo había previsto, pero sería cuestión de esperar un poco más, no debía precipitarse. Media hora después comprobó que su víctima se había dormido con el libro sobre su pecho. Tal vez podría atacar en ese momento, pero el hecho de que estuviese la luz encendida le hizo dudar, si se despertaba antes de caer sobre él, le vería y sin duda se defendería. Estuvo un buen rato pensando lo que debía hacer, pero un momento después ocurrió lo mejor que podía pasar, su víctima se removió y, medio dormido, apagó la luz. Ya solo tendría que esperar un poco más para asegurarse de que entraba en la fase más profunda del sueño. Tras observar durante algunos minutos que no se movía se decidió y se abalanzó confiado sobre él. Tal vez fue la larga espera o el ansia por entrar en contacto con su sangre lo que le hizo bajar la guardia, no vio como su víctima levantaba lentamente la mano que tenía más alejada de él… Y tuvo la muerte que tantos otros mosquitos tenían todos los veranos.