553. ADALIDO
Aldo Merlino | Moris-Keta

El golpe del puño contra el atril resonó en todo el auditorio. El candidato a primer ministro vociferó:
—¡Les prometo que haré grande a esta nación, levantando muros en cada frontera, armando como nunca al ejército y prohibiendo todo idioma que no sea el nuestro!
Y con el dedo apuntando a los miles de asistentes, exclamó:
—¡Y ustedes, el pueblo, serán mi adalido!
Un silencio incómodo se apoderó del recinto. El político oprimió el auricular inserto en su oído derecho, como si no pudiese escuchar correctamente. Luego, volvió a aporrear el atril y gritó:
—¡Ustedes, el pueblo, serán mi adalid… idiota!