632. AFECTADOS POR LOS EFECTOS SECUNDARIOS DE CIERTO TRATAMIENTO CAPILAR (O COMO ME CONVERTÍ EN LICANTRIPITA)
Eric Teixidó Gimeno | Teixi

La salvaje mata de pelo que en esos momentos cubría la integridad de mi cuerpo probaba sin duda la eficacia de las pastillas, aun así resultaba intolerable la sed de sangre que acompañaba el crecimiento y que en ese instante caracterizaba mi estado de ánimo (una sed de sangre, debo añadir, nada habitual tratándose de un jueves por la noche). ¿Habría ingerido demasiadas píldoras para el crecimiento capilar? El prospecto indicaba náuseas y vómitos en caso de sobredosis, pero en ningún caso hablaba de crecimiento dental desmesurado, de agudización de olfato y oído y, ni mucho menos, de la necesidad de proferir sonoros aullidos a la luna llena. Trataba de buscar el número de contacto de la farmacéutica entre el mar de información que figuraba en el prospecto, pero la tarea, difícil de por sí, se volvía imposible teniendo en cuenta el parecido cada vez mayor de mis manos con las patas de un lobo. Y puedo tolerar ciertos errores, pero convertirme en una criatura híbrida entre lo lobo y lo humano me parece algo que rebasa la capacidad de empatía con la compañía farmacéutica. Difícil tarea, también, la de concentrarse con la luz de la luna llena penetrando caprichosamente en el baño y rebotando en cada superficie resplandeciente de la habitación, obligándome a aullar cada vez que me doy cuenta. Pero aún más intolerable, más que el dolor de mis huesos crujiendo camino a convertirse en los de un lobo, fue verme reflejado en el espejo para descubrir que aún podía ser víctima de un dolor todavía superior. Cuando mis ojos consiguieron acostumbrarse al fogonazo de luz que emitía la parte superior del espejo fue cuando descubrí cuál era el mayor foco de proyección de luz lunar en el baño. Por encima de la densa mata que poblaba mi cuerpo y que ya había hecho ceder mi ropa, brillaba inmutable mi característica coronilla. Y es que podría tolerar mi transformación licántropa, pero de lo que estamos delante ahora mismo es de un fraude en mayúsculas. Pues una vez al mes me convierto en una despreciable criatura híbrida que se alimenta de presa viva, pero es que encima sigo siendo calvo.