754. AL CIELO, POR FAVOR
YOLANDA NAVA MIGUELEZ | Daniela

Entró tras de mí cuando las puertas estaban a punto de cerrarse. Su perfume nada tenía que ver con las fragancias a las que mi pituitaria estaba acostumbrada, bajo su influjo apenas si fue capaz de hacer la pregunta de rigor: ¿a qué piso va?, yo iba al último y deseé que ella también para disfrutar lo máximo de su compañía. Tuve suerte, compartíamos destino. Comenzamos el ascenso y me lancé, no contaba con mucho tiempo. Me presenté, me contestó con una sonrisa. Bien. Animado por su reacción continué, en el quinto supe que se llamaba Esperanza, y me agarré a su nombre como a un talismán. Cuando llegamos al noveno ya le había dado mi número de teléfono. Al pararse el ascensor en el último piso, me atreví a tomar su mano y pedirle una cita. Ella hizo algo sorprendente, pulsó el cero y mientras descendíamos boca con boca, yo sentía que subía y subía. Al llegar abajo, fue ella quién preguntó: ¿destino? Al cielo, por favor -repondí- mientras sus finos dedos pulsaban de nuevo del botón del décimo piso.