1070. AL PIE DE LA LETRA
Gustavo Eduardo Green Sinigaglia | ALIQUIQUE

¿Por qué no te venís a casa? –le dije
Eso fue hace doce años; y todavía está.
Tal vez debería haber dicho: ¿porqué no te venís a tomar algo? o para ser más
claro: ¿porqué no te venís a casa a tomar algo y después te vas?
Es cierto que ese “después” también podía haber durado doce años…y más.
Sin duda tendría que haber sido mucho mas preciso, algo como: ¿porqué no te venís
a tomar algo y a las once te vas de mi casa?
Lo cierto es que luego de aquella invitación, mi amigo (lo era entonces) no se ha
ido de mi casa. Doce años comiéndose mi comida, durmiendo en mi cama, leyendo el
diario (¡antes que yo!), usando mi computadora…
Al poco tiempo de instalarse le sugerí que no descuidara sus ocupaciones, su
trabajo, su familia.
¿Pero, no me pediste que viniera a tu casa? –fue su escueta respuesta-pregunta.
La situación se ha hecho insostenible, pero siempre he sido un hombre que ha
respetado su palabra.
Y como aquella (maldita) invitación no tenía condicionamientos he debido soportar
que una vez por semana cambiara los muebles de lugar (supongo que para un hombre
encerrado ese movimiento debe ser aliviador), que contestara mis llamados telefónicos,
se colocara mi bata (antes que yo llegara de mi trabajo), que usara mi cepillo de dientes,
que ganara la confianza de mi querida gata siamesa (ahora a mi me rehúye), que
intercambiara recetas de cocina con mamá.
Claro que no pude tolerar cuando lo encontré seduciendo a mi novia, en el sillón de
pana marrón.
¡No quiero verte más! -le grité con angustia.
Ok –dijo fríamente dirigiéndose al cajón de la cocina.
Hoy escucho que sigue usando mi computadora y leyendo el diario, pero, eso, ya no
me molesta.