45. ALELUYA DE CARICIAS Y TENEDORES
Ángel Martín Sancho | FANTASMA 1

NO PUEDO COMER EN PÚBLICO, es imposible, el agudo de la cerámica al sentir los dientes del tenedor y las caricias de los dedos en forma de sierra del cuchillo me hacen burbujear. El sonido baboso de decenas de bocas masticando, siguiendo la partitura del aleluya: ¡Aleluya de sabores! ¡Aleluya de texturas! ¡Aleluya de tu boca saboreando la mía! Solo de pensarlo me tiembla la pelvis y el cóccix. Una vez mi madre intentó llevarme a comer a un italiano, la pizza es mi plato favorito. ¡Disfruta de tu cumpleaños!, me dijo. No pude ni darle un mordisco a la pizza de burrata, fue sentir el tacto pulido del plato y… . Me refugié en el baño, pensé que me había meado encima, pero no, no era agua lo que había en mi ropa interior. Apreté con fuerza la parte externa de los oídos para enmudecerlo todo, necesitaba silencio, pero aún así seguía sintiendo pequeños susurros acariciándome los lóbulos de las orejas. Pensé en cucarachas aplastadas, en piel derretida y arrugas en los ojos, pensé en todo lo que pudiera hacerme vomitar. Al menos eso sería más tolerable que lo otro. Nos marchamos corriendo, mamá me prestó su chaqueta para que me la atara a la cintura a modo de falda y le dejó una buena propina al camarero para compensar su esfuerzo y los ingredientes malgastados. Desde entonces no he vuelto a entrar en ningún restaurante y procuro no pasar cerca de ellos. Podrías ir a terapia, me dijo mamá hace unos meses, conozco a una psicóloga maravillosa, me aseguró que ella podría curarme, que podría domesticar mi cabeza, pero no sé si quiero eso. Cuando siento demasiado frío por debajo de la piel me pongo los cascos y busco en Youtube un ASMR de restaurantes de carretera. ¡Aleluya cantan los cubiertos al rozar la vajilla! ¡Aleluya grito yo mordiendo la esquina de la almohada! Así celebro las noches frías y sin compañía debajo de las sábanas, cantando el aleluya con una orquesta de tenedores, bocas y platos que muerden, mastican y tragan.