877. ALLÍ SIGUE
Borja Gómez del Cerro Pullés | Boga

Allí sigue, como si no fuera con ella, codeándose tranquilamente con mis posesiones más valiosas. Luciendo ante los demás como una gran llave que abre una amplia oficina, o un luminoso parking, cuando en verdad, llevo meses siendo consciente de que no la uso.
Esta impostora logra una y otra vez burlar mis intentos de desprenderme de ella, “Tú mismo, por mi perfecto” dice actuando con naturalidad “habrá un día que me necesitarás y estarás perdido”. ¿Acaso no es cierto? En su momento debí tener un buen motivo para añadirla a mi llavero, no es que vaya yo recogiendo llaves al azar. Así que siempre acabo reculando y aceptando cargar con ella antes que encontrarme un día con un problema irresoluble.
La cuestión es que esa carga no es tan ligera, si la veo con buen humor no es más que un gracioso parásito en busca de un paseo, pero en cuanto me imagino el despreció y altanería con la que me debe tratar, me pongo enfermo. Cómo no va a sentirse así, si con sus artimañas consiguió engañar a un ser todopoderoso, desde su perspectiva, hasta el punto que hice una copia de ella para el juego de llaves de invitados, “por si acaso”.
Con el tiempo la situación se fue agravando y con cierta vergüenza acepté la ayuda de un profesional. Me recomendaron uno no muy lejos de mi casa y fui directo. Cuando fue mi turno me miró extrañado, más por la pregunta que por la llave.
-No sé qué pretende que le diga. ¿Le hago una copia? -A alguien con un martillo todo le parece un clavo.
-Que va, que va, ya tengo alguna. Solo quería saber si por la forma me podrías decir de que se trata, un armario, una bici…
-Tú sabrás, la llevas en el llavero. -Debía ser con diferencia el cliente menos provechoso de la cola.
-La cosa es que no la uso, pero quiero saber de qué es. De una persiana de frutería, un coche o que.
-Así rápido te puedo decir que es de un FAC circular. -Mi indiferencia le hizo continuar. -Es una cerradura sobrepuesta, puede instalarla hasta un mono con un taladro. Imagínate algo con bisagras y de un dedo de grosor como mínimo.
– ¿Nada más? -No se había reducido mucho el rango de opciones.
-Me atrevería a decir que por lo que vale, no debe guardar algo de mucho valor.
-Ajá.
-Entonces qué, ¿te la tiro? -Preguntó el cerrajero gestualizando un lanzamiento al cubo de basura.
-No, no. Gracias.