Amar con locura
Irene Pavón Orihuela | Irene Pavón

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Se alisó las arrugas invisibles de los pantalones blancos que llevaba. Estaba nerviosa, después de tanto tiempo iba a conocer por fin al hombre con quien había estado hablando durante meses.



Se conocieron por internet y casi sin darse cuenta se enamoraron, él representaba para ella el único lugar en el que se sentía en casa.



Estaba sentada frente a una mesa, el corazón parecía escapársele del pecho. Y entonces lo vio, idéntico a la imagen que recordaba haber visto en fotos durante estos meses: pelo rubio, ojos del color del cielo en primavera y sonrisa torcida.



Se acercó para saludarla y el olor de su perfume la embargó, más dulce de lo que había esperado. Era su primera cita y sin embargo, un detalle tan simple la hizo torcer el gesto, no le gustaban los imprevistos.



Jeff era perfecto. No obstante él parecía no estar tan absorto en su cita como ella ya que cada 10 minutos más o menos miraba el gran espejo que había junto a su mesa.



– ¿Está todo bien?



Jeff dio un respingo y se giró para mirarla con una sonrisa nerviosa, una gota de sudor se deslizó por su sien, imperceptible para cualquiera menos para ella que frunció el ceño en respuesta.



– Sí, no te preocupes, es que me pones nervioso.



Le dedicó otra de sus encantadoras sonrisas, pero esta vez ella se percató de que su incisivo lateral estaba en una posición levemente imperfecta y algo dentro de ella se rompió. Cogió el tenedor de la mesa y se lanzó sobre él con la intención de apuñalarle justo en sus bonitos ojos color cielo.



Jeff cayó al suelo con ella encima, intentando protegerse con los brazos. Pronto unas manos la arrastraron con fuerza y se la llevaron fuera de la sala mientras gritaba y se sacudía como un animal rabioso.



Tras el espejo, un hombre con una larga bata blanca y una credencial que le identificaba como el doctor Martín les narraba lo sucedido a los inspectores de policía que le acompañaban.



– Tiene esos brotes psicóticos a menudo, todavía no conseguimos identificar qué es lo que falla en nuestra simulación, cuál es el detalle que hace que explote. Hemos hecho esto media docena de veces desde que la trajisteis. Creemos que el tal Jeff existió, que se enamoró de él y que nunca acudió a su cita, aquello la desquició, probablemente detonó un trastorno violento que siempre estuvo ahí. Por eso solo tiene primeras citas y solo con hombres que se parecen a la imagen que ella tiene de Jeff y, cuando algo no le cuadra con su fantasía, tiene esos brotes y los asesina sin piedad.



– ¿Nos está diciendo que se enamoró hasta tal punto que eso la volvió lo suficientemente loca como para matar a 8 hombres antes de que la cogiéramos?¿Puede el amor hacer eso?



El doctor miró al detective que le había preguntado como si fuera una pregunta muy obvia, casi sin entender dónde estaba la duda.



– Caballeros, el amor es lo único que puede hacerlo.