AMOR A PRIMERA VISTA
ELENA CALLES GONZÁLEZ | MARINA ALCARAZ

4.5/5 - (130 votos)

Llevo esperando mucho tiempo, la verdad es que no termino de creer que hoy por fin ha llegado el día.

Solo le conozco por fotos, pero desde el primer momento sentí que iba a cambiar mi vida y que nada ni nadie iba a oponerse a que estuviéramos juntos.

Nunca había creído en los flechazos, ni en cursiladas de ese tipo, pero llevo semanas durmiendo con su imagen bajo mi almohada y mirando sus ojos, su cara, su pelo y esa expresión de quien quiere recibir amor a todas horas.

Tengo 50 años, una vida profesional de éxito y una colección de relaciones rotas y adictivas, agotada en una búsqueda desesperada de afecto que me ha hecho acumular idiotas como la más brillante coleccionista.

Por eso cuando conocí su historia, sentí que nadie mejor que él podría entenderme.

Había pasado por varias casas, en todas le habían utilizado como guardián, atado a un collar que solo le permitía moverse escasos metros, mientras él soñaba con una caricia, un paseo, una manta que le resguardara del frío de la noche.

Así había vivido sus primeros 5 años, los mismos que duró mi última historia, en la que también soñaba con una caricia, más allá de los gritos, de las exigencias, del lugar que me habían asignado y del que yo no era capaz de salir.

Después de mil gestiones con la protectora, hoy conduzco con la ilusión de una adolescente los 100 km que me separan de Argos. Un viaje para encontrarme por primera vez con quien se va a convertir en mi más fiel compañero de vida.

Siento las mismas mariposas en el estómago de una primera cita, aparco el coche nerviosa y me dirijo, como si me atrajera un imán, por el camino que me lleva hasta encontrarme con él.

Me paro frente a su jaula, una jaula de silencio y soledad, donde Argos, acostumbrado ya a no pedir nada, descansa.

Le llamo tímidamente, le acaricio con suavidad y Argos empieza a incorporarse moviendo su rabo y llenándome de lametazos.

Le hablo bajito, y le digo:

-Ya estoy aquí, vámonos a casa.