969. AMOR EN TIEMPOS DE TINDER
SILVIA PIÑEIRO FERNÁNDEZ | BURBUJA

Tengo 42 años, soltera, y si me preguntan hace un par de años, diría que no entera, pero a estas alturas empiezo a pensar que mi virginidad ha vuelto a resurgir por falta de uso. Así que he decidido tomar las riendas de mi vida, o lo que viene a ser lo mismo, buscar quién limpie las telarañas de mis bajos. En resumen ¡Me he anotado en Tinder!. No sé si he triunfado o no porque al primero que se ha presentado y tras un vistazo rápido a la foto he dicho que sí sin dudarlo y esta noche hemos quedado. Hasta ahí llega mi nivel de desespero. Dice llamarse Richi, aunque a saber, porque yo me llamo Remedios y en Tinder soy Débora, que suena mas sexi que “la Reme”. Toda una tarde de chapa y pintura, y tras desatascar el sumidero después de la depilación exprés (por si las moscas) llego al restaurante. De Richi no aparece ni la gorra de la foto. En su lugar se presenta un tío rechoncho, bajo y calvo ( con razón llevaba la gorra) pero no calvo a lo Vin Disel… calvo a lo Torrente. Putos filtros. No he trazado un plan b por lo que no me queda otra que quedarme y rezar para que toda la belleza esté en su interior. Pero lo primero que sale de su interior cuando se sienta es un cuesco trompetilla con lo que me queda claro que tanto mi audición cómo mi olfato funcionan a la perfección. Como disculpa emite un ¡Mejor fuera que dentro!, acompañado de una risa porcina que me hace pensar que estoy en un programa de cámara oculta. Tras pedir la cena rompe el silencio incómodo para dedicarme una frase de lo más poética.
— Pues en la foto parecía que tenías más tetas.
— Y tú más pelo— le dedico una sonrisa irónica, y él a cambio su carcajada porcina
— Ya ves. Lo de los dos se soluciona con implantes. Igual hasta nos hacen rebaja.
En vez de una primera cita parecíamos un matrimonio de esos amargados que están por estar. Me refugio en la copa de vino y me la termino en dos tragos. Me mira con suspicacia.
— Joder. Me ha tocado otra borracha.
Y hasta aquí recuerdo señor juez. Y sí, con respecto a la pregunta de si la señora de la grabación de la cámara de seguridad, que salta la mesa y se tira sobre el gordo calvo…disculpe señoría, no era mi intención faltar… prosigo, sobre Richi, y le arranca los cuatro mechones de pelo que le quedan para después sentarme sobre su cara y soltarle una ventosidad mientras grito mejor fuera que dentro, sí, soy yo, pero insisto. No lo recuerdo.
Mientras el juez disimula una sonrisa, yo pienso que se acabó mi experiencia con Tinder. Débora a muerto y vuelve la Reme, la que se limpia las telarañas a golpe de satisfayer