843. ANDRÉS, JULIA Y LA NIÑA.
Pelayo Suárez Dosantos | Pelayo Suárez

Andrés es piloto de avión. No se podría decir que es todo un profesional, pero tampoco lo contrario. Se desempeña igual que la media. No obstante, en su casa, su hija adolescente Olaya le dice que pilota, mientras ambos ríen. A él esto le vale.

Julia está atacada. Es la primera vez que vuela, y la idea de que el avión se caiga, no para de venírsele a la mente. Lleva nerviosa desde anoche. Tan nerviosa, que se olvidó las pastillas para dormir durante el viaje. Eso no ayuda.

Andrés ha hecho el trayecto Madrid-Bérgamo tantas veces que se sabe las nubes de memoria. Es un viaje tranquilo, pero hoy, algo es diferente. A Andrés le resbala por la frente una gota de sudor del tamaño de una nuez. No ha habido turbulencias ni complicaciones durante el vuelo y, sin embargo, está tenso y al borde de una taquicardia. Andrés se caga. Se caga de una manera nunca antes experimentada por nadie. Le ha venido todo de repente. De lo contrario, habría puesto el piloto automático en su momento. El problema, están aterrizando.

Julia no sabe si reír o llorar. Está deseando que el avión toque el suelo, pero no le está gustando la inclinación que lleva. Prefería sufrir en plano. A su lado, una niña le coge la mano. Bueno, Julia le coge la mano a la niña. No sabe cómo se llama, dónde están sus padres ni por qué tenía un billete de cien euros con el que se compró una colonia. En cualquier otra situación, Julia se habría cuestionado cualquiera de esas cosas. Pero ahora, solo tiene la mente en apretarle la mano a esa niña desconocida y en esforzarse por no montar un numerito.

Andrés está a punto de desfallecer. Está en la quietud más absoluta, inspirando por la nariz y expirando por la boca. Al momento, se retuerce en su silla haciendo cabriolas. No consigue averiguar qué es mejor, si permanecer inmóvil o moverse. Los sudores le empapan.

La niña se queja. Julia, que no la oye, le está clavando las uñas.

Andrés gruñe. Afortunadamente, ni Julia ni nadie le oyen.

Julia suelta a la niña. No porque se lo pida, sino para agarrarse a los reposabrazos.

Andrés le da a un botón. Se despliegan las ruedas.

Julia mira por la ventana. Mala idea. Grita.

Andrés tira hacia abajo de una palanca. No es necesario, pero lo hace con todas sus fuerzas. El avión toca el suelo.

Julia nota el efecto muelle del avión al llegar a tierra y una sensación le sube por la espalda.

Andrés también lo nota. Nada le sube a él.

El avión se detiene y todos aplauden. Todos salvo Julia. Ella solo llora de alegría.

Andrés también se detiene. Escucha los aplausos. No suenan a victoria.

Julia se baja del avión con un rumbo que solo ella conoce.

Andrés, aún desde el bidé, llama a casa y le dice a Olaya que está bien.