ANGUSTIOSA ANTESALA
Numiralda Del Valle | Numiralda

5/5 - (1 voto)

Alberto Martínez era un hombre totalmente feliz hasta la quincena pasada. Hoy se encuentra balanceandose   en una silla mecedora. Su rostro  denota un rictus de amargura. Tiene  ojos verdes que contrastan con la tez morena, boca pequeña de labios carnosos, los cuales muerde en una especie de hábito nervioso. A los 60 años luce una porción moderada de canas. En correspondencia con las mismas,  se ven algunas  arrugas surcar la piel, especialmente en la cara, cuello y  manos. Con un peso de 79 kg. Es un hombre bien conservado.

Su desasosiego es evidente, no come ni duerme bien. Con el ánimo decaído se la pasa sentado en la mecedora frente al televisor, aunque realmente no está viendo nada,  encontrándose  ensimismado. Le gusta leer, oír música y ver películas o series de Netflix, pero algo  grande lo está angustiando.

Se ha destacado por ser un hombre seguro de sí mismo, ecuanime, fuerte, decidido y por tener una actitud reflexiva  sobre los aspectos importantes de la vida. Además es paciente y tolerante, cualidades que le conceden mayor atractivo.

Su malestar es sorprendente, sobre todo porque se incrementa al pasar los días. Ha descuidado hasta su trabajo. Es abogado laborando de forma independiente. Vive solo con su esposa Julia en una bonita urbanización y tiene un grupo de buenos amigos con quienes comparte gratos momentos.  Se ha negado a reunirse con ellos como acostumbra  las tardes de cada viernes.

Alberto Martínez, hace 15 días acudió al médico de cabecera por presentar episodios de tensión arterial elevada y urgencia frecuente de orinar con dolor o ardor al hacerlo.  Fue remitido a un médico especialista. En una semana   tendrá la primera cita. A medida que se aproxima la fecha  es evidente un grado mayor de nerviosismo.  Siente escalofríos recorrer el cuerpo y palpitaciones. La esposa, muy preocupada por sus inusuales comportamientos trata de distraerlo, animarlo simulando estar tranquila. Imagina que él siente temor ante la posibilidad de tener una patología grave.

La noche previa a la cita, Alberto durmió muy poco, a duras penas se levantó arreglandose para salir. Julia, con la intención de relajarlo se acerca hablándole suavemente, mientras él se dirige al vehículo.

– No te preocupes mi amor, todo va a salir bien. Tú verás que no tienes nada  alarmante. Quítate de la cabeza la idea de tener algún tipo de enfermedad, mucho menos  cáncer de próstata.

Al oír esto, Alberto se detiene bruscamente,  observandola con expresión extrañada pregunta:

-¿De dónde sacas eso mujer? Yo no tengo ninguna preocupación de ese tipo, luego casi gritando expresa: Yo le tengo miedo al tacto rectal que hacen en la primera cita. Y finaliza recalcando cada palabra: NO QUIERO UN DEDO DENTRO DE MI ANO.