1297. ANOSMIA
Mª del Mar Santos del Cura | Mar Santos

Mi nombre es Mario y colecciono narices. Soy un hombre medio, normal, anodino, que nunca ha experimentado la sensación de ser mirado. Nadie me repasa. No hay nada que subrayar en mi cara. Esto lo llevo un poco mal. Habrá gente que me envidie, gente que se sienta acomplejada por sus grandes orejas o por su mentón prominente. Y yo ansío vuestras prominencias. Os cambio mi cara insípida por vuestras narices aguileñas.
La vida está hecha para ir soterrando nuestras angustias y así acumularlas hasta que rebosan en forma de úlcera estomacal. O eso es lo que he aprendido a hacer yo. Cada dos días me descompongo, escatológicamente hablando. No me interesa escarbar lo soterrado para saber de dónde vienen mis traumas, ni a dónde van. Creo en la evitación como forma de vida. Mi válvula de escape es miraros a la cara. Observaros para descuartizar vuestro rostro en mi mente. No hay perversión sexual, solo una extraña paz al ver vuestras narices respingonas.
Todos vuestros rasgos los mastico en mi mente, fantaseo con esas fosas nasales amplias y oscuras, me sumerjo en ellas, os hago una PCR mental.
Ahora, imaginaos lo que es para mí este mundo enmascarado. He participado en todas las manifestaciones negacionistas que he podido con un doble objetivo: eliminar las mascarillas de nuestras vidas y ver de cerca esas narices enfadadas, indignadas, que se hinchan con cada grito de «plandemia».
Compadeceos de este hombre estándar que sufre en silencio porque su único mecanismo de defensa ante los avatares de la vida ha sido dinamitado desde marzo de 2020. Ahora no tengo otro remedio que conformarme con mi catálogo mental. Ahí conservo el recuerdo de las mejores napias bulbosas, de esas verrugas que el azar genético colocó en el centro de la cara, de esos puntos negros que decoran los poros dilatados de algunas narices o ese brillo resplandeciente que pringa a la más grasas.
Pero después de dos años, este repertorio imaginario se me está agotando. Ya no me acuerdo de vuestro gesto aprovechando el semáforo en rojo, hurgándoos sin contemplaciones para encontrar el preciado moco. Se difuminan esas imágenes cuando intento acceder a ellas.
Y es por todo esto, que apelo a vuestra compasión, a vuestra empatía y a vuestra generosidad: send fotonariz.