1256. APUESTA DIVERTIDA.
Isabelle Sanz | Isabelle Sanz

El agua estaba lo bastante helada, cosa normal en el Atlántico, como para pensárselo, pero me salió mi orgullo y sin pensármelo dos veces, empecé a entrar. Cuando el agua me cubría los muslos, comencé a incorporarme dentro de ella, el agua me cubrió totalmente. Tras unos segundos volví a la orilla del mar. Y sin avisarlo previamente lo salpiqué de improviso. Antes de que reaccionara, me giré rápidamente y volví a entrar en ese inmenso mar. Estaba en medio del mar súper relajada, pero el relax no me duró mucho cuando Hugo apareció por detrás y me tomó suavemente por mi sinuosa cintura. Me giré en cuanto noté las manos de alguien:

—¿Me debes una?
—¿Perdón?

—Me has salpicado…

—Ha sido sin querer… (a la vez que le hice una mueca de perdón poniendo diferentes caras y con mis manos pegadas o juntas…).

—¡Ya, ya…!, me da igual. Si quieres que te perdone, vas a tener que hacer algo por mí…

—Algo cómo qué…

En ese momento empezó a acercarse a mí, más todavía: sus manos rodearon salvajemente mi cintura.