AQUÍ NO SE PUEDE FUMAR
SANTIAGO CASERO GONZÁLEZ | ALOYSIUS ACKER

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Adelante, adelante, póngase cómodo, por favor. ¿Cómo está? Me alegro de conocerle por fin, después de tantas horas al teléfono. Siempre es mejor mirarse a la cara, como en las primeras citas. Eso es. ¿Qué tal la familia? ¿Se ha tomado las medicinas que le recomendé? Ajá, estupendo. ¿Ha meditado sobre lo que hablamos al teléfono? Esa es la actitud. Lo dicen todos los manuales. No, lo siento, no se puede fumar, ya sabe, esto es la consulta de un médico. Ya sé, ya sé, le hace bien, lo lamento mucho pero no se puede fumar. Pero siéntese, enseguida empezamos. Bonito día, tan soleado. Ya empezamos. Recuerde: respuestas breves. No, lo lamento, no se puede. La terapia lo desaconseja. ¿Un solo cigarrillo, dice? Aquí no se puede fumar, lo lamento mucho. Tenemos que empezar ya, el tiempo pasa. ¿Está listo? No lo olvide: responda sin pensar, lo primero que se le ocurra. Sí, se trata de un método clásico, lo admito, pero funciona. Empecemos. Si es posible responda sólo sí o no. Primera cuestión: ¿Qué ve en este dibujo? Ajá. ¿En éste otro? Lo está haciendo muy bien, como si lo hubiera hecho durante toda la vida. Sigamos. Dígame qué ve usted aquí. ¿Un corazón roto, dice? ¿No? Perdone, le habré entendido mal ¿Una mujer fumando? ¿Está seguro? ¿No quiere pensarlo mejor? No, lo siento, fumar no se puede. Eso no ayudaría, créame. Continuemos. Qué magnífico día, ¿no le parece? Ahora deberá usted responder a unas preguntas sencillas. Dígame: ¿qué es para usted un padre? ¿Sería usted su amigo o su enemigo? ¿Qué cosas perdonaría por amor? ¿Cree usted que existe la verdad? ¿Se casaría con usted si fuese una mujer? ¿Por qué no? ¿Que voy muy deprisa? De acuerdo. Relájese un instante. Enseguida lo intentamos otra vez. No hay prisa. Es su tiempo. Usted lo paga. No, desgraciadamente no se puede fumar. Creo que terminará lloviendo después de todo. Pero nada es seguro, ¿no cree? ¿Insiste usted? De acuerdo, fume si eso le tranquiliza. No es lo habitual, pero en su caso… ¿No tendría un cigarrillo para mí? Gracias, muy amable. Tenga fuego. Qué hermoso, el humo, ¿no cree? Qué efímero. Es una lección, ¿no le parece?, la forma en que se esfuma. ¿No es eso lo que pasa con nuestra vida? No, no responda todavía. Era sólo una observación. Si está más tranquilo, sigamos con el cuestionario: ¿Acaso no es eso lo que pasa con cualquier vida? ¿No se esfuma todo en un momento? Responda sí o no. Evite los juicios de valor, se lo ruego. Tenga, un cenicero. Dígame: ¿por qué preferiría una mujer a un joven, artista y soñador, antes que a un médico psiquiatra, próspero, maduro? Qué veleidoso, el humo, ¿no? Está y al momento ya no está. El tiempo está cambiando, definitivamente. Ahora respóndame con la mano en el corazón: ¿Cree usted que ella volverá conmigo? Yo ya la he perdonado. ¿Llorar? No, no estoy llorando. Fume, fume, si eso le hace bien…