656. ARRIEROS SOMOS
Gustavo Jiménez Limones | GusLemon

Marcial e Hipólito caminaron con paso decidido. Cuando entraron en el gran salón blanco vieron al fondo, sentados sobre un altar, a los seis miembros del consejo del Comité para la Impugnación de Proverbios y Oraciones Tradicionales Españolas, más conocido como CIPOTE. Los dos hombres se colocaron en medio de la sala y esperaron a que aquellas deidades de lenguaje autorizaran su intervención.
– Les escuchamos – retumbó la voz del mayor de ellos.
Marcial tragó saliva y reunió fuerzas para hablar.
– Verá usted, aquí mi amigo Hipólito y yo somos arrieros de profesión y el problema es que nunca, jamás, nos hemos encontrado en el camino. Por lo tanto… – un silencio sepulcral inundó la estancia antes del gran momento- queremos impugnar el refrán “Arrieros somos y en el camino nos encontraremos”.
Los seis hombres se miraron sorprendidos y comenzaron a cuchichear entre ellos.
– La cuestión – se arrancó de nuevo el más anciano – es que el refrán contiene el verbo “encontrar” en su forma futura, por lo tanto nadie puede asegurar que en el futuro ustedes dos no se vayan a encontrar.
– ¡Imposible! – exclamó ofendido Hipólito – El aquí presente señor Marcial cubre el camino entre Molinicos y Arroyo Morote, mientras que yo salgo de Aldea de Pinilla y voy hasta Fuentehiguera. Estos dos caminos nunca se cruzan ¡nunca!
– Es más, señoría – continuó Marcial- cuando Hipólito y yo queremos vernos nos tenemos que llamar por teléfono como los miembros de cualquier otro gremio ¡No es justo!
Otro de los vocales del comité intervino:
– Supongo que antes de venir aquí han pasado ustedes por la Comisión Oficial Jefe de Oraciones Normalizadas, la COJÓN.
– Sí, señor, hemos venido al CIPOTE directamente desde el COJÓN.
– ¿Y qué les dijeron allí?
– Que cambiáramos de profesión, pero nuestros padres y nuestros abuelos fueron arrieros ¡No vamos a romper la tradición familiar por un refrán!
– ¿Y sus ascendentes se encontraron alguna vez en el camino? – preguntó de nuevo el más anciano.
Marcial e Hipólito se miraron y agacharon la cabeza.
– Según el libro familiar de nuestras dos estirpes, sí, se encontraron en el camino.
– ¡Ajá! ¡Entonces sus rutas coincidían! Es decir, que ustedes han cambiado las suyas sin respetar el refrán.
– Es que así abarcamos más terreno y nuestros pepinos llegan a más pueblos– alegó Marcial.
– En nombre del lenguaje y la historia les condeno a hacer la misma ruta para poder encontrarse- sentenció el viejo.
– ¡Pero algunos pueblos se quedarán sin pepinos por culpa del CIPOTE!
– ¡Que coman melones!- ordenó el anciano dando por zanjado el asunto.
Marcial e Hipólito abandonaron el salón con lágrimas en los ojos.
– Siguiente caso – anunció el secretario del comité – Rodrigo Expósito dice que se acercó a un buen árbol y no le cobijó una buena sombra.
– ¿Se puso en el lado en el que el árbol daba sombra?
– Dice que el refrán no lo especifica. Se ha quemado la frente.
– Que pase.