ASCO
PATRICIA NEGREIRA COUSILLAS | PATO

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Acaso los insectos no lo sienten? Asco de tener que tocarte, de picar y andar por cuerpos que no saben bien, que no son blandos o que sí lo son, igual demasiado. Asco por depender de fluidos que no fluyen sino es por esa estructura podrida. Asco de la piel, los órganos.

La sarna continúa comiéndote poco a poco, pero con asco. Asco de la sangre, que en su derrame incesante, se topa con garrapatas que la desvían hacia su cuerpo hinchado después de arrancarte un trozo de tu carroña. Asco siente el mosquito cuando se empacha de tu grasa, cuando tiene que tocarte para poder alimentarse. Asqueroso se siente caminar entre tus entrañas, piensa la lombriz que habita en tus excrementos, su único alimento es la materia que más asco te da. Asco sentirá la araña al chupar tu sangre como vampira insaciable y te escupirá veneno por impotencia al ver que tienes más jugo del que ella pueda absorver, al ver que gana siempre tu monumental cuerpo. Que nunca podrá dejarte seco. Asco sienten las bacterias al ver tu pus brotando de una herida infectada y cómo no van a regurgitar si la arcada es inevitable. De asco se muere el hongo de tus uñas al ver que se te caen a trozos y ya no queda nada más que le contamine. Asco de pelo y de ojos. ¡Asco, asco, asco! Es lo único que sienten los bichos y es por esa repugnancia, que atacan nuestros cuerpos. ¡Ojalá! piensan todos. Ojalá desaparezca la masa y empiece el festín de líquidos liberados. Tal festín, que ahogarse en ellos sería el paraíso. ¡Que fluya todo germen, toda sangre y queden solo vísceras! Correr el riesgo de morir en el intento, pero al menos, por primera vez en sus vidas, no habrán sentido asco.