1433. BAILE DE NÚMEROS
NATIVIDAD DE MARCO REDONDO | JARDINERA DE PALABRAS

BAILE DE NÚMEROS.
Era una chica tímida a pesar de que contaba por los codos. Era una chica ocupada, como un libro de matemáticas, todo el día resolviendo problemas. Era una chica de la calle, le ponía de buen humor ir contando las baldosas que iba pisando. El número lo multiplicaba por treinta o cuarenta, según el pavimento cuando llegaba a un semáforo. Su mente era un ábaco que funcionaba constantemente.
Fue horrible el día que fue a la playa. Pisó la arena y se dio cuenta de que era imposible hacer un cálculo exacto, la distancia de sus pasos no era regular. Sus gritos se oyeron por todo el mundo, llegaron a Sebastopol y un marinero de la base de la Flota del mar Negro de la armada rusa le contestó. Su enfado se multiplicó por veinte al darse cuenta de que no podía enumerar las palabras, no entendía el ruso. Sólo contar los granos de arena que contenían cuarzo le calmó momentáneamente. Pudieron llevarla al hotel con los ojos tapados para que no viera las baldosas que pisaba.
En el colegio, no podía concentrarse. Un día, mientras la profesora explicaba las oraciones, que le aburrían soberanamente, decidió calcular los pelos que tenía la chica de delante. Al ver que no le iba a dar tiempo a contarlos le arrancó un mechón para así hacer una extrapolación en su casa. La niña empezó a chillar, luego, el alarido se convirtió en protesta de toda la clase. El follón se oía por todo el pasillo. Subió la jefa de estudios y, tras aplacar semejante alboroto, castigó a la culpable a limpiar el patio. No se dieron cuenta de que la cantidad de hojas caídas, que tenía que coger, era un material estupendo para su entretenimiento.
Cada veinte se metía una en el bolsillo. Llegó al portal de su casa y su gracioso hermano pequeño le contó un chiste sobre números. “¿Qué le dice el 1 al 10? Para ser como yo, debes ser sin-cero”. Ella metió la mano en su chubasquero y sacó su fangoso contenido que poco a poco fue introduciendo en la boca del pequeñajo. Los números pueden asfixiarte, fue su despedida.
El día que sacó un diez en matemáticas, estaba pletórica y fue a su casa enumerando las señoras rubias que veía. En la comida, se lo contó a sus padres, les hacía mucha gracia esa manía tan tonta que tenía la niña. El padre, con su humor de siempre, le preguntó si había tenido en cuenta las teñidas. Todos se rieron, excepto ella. Las 53 cucharadas de sopa que llevaba le sentaron fatal.
Cuando el profesor de Historia llenó la pizarra de fechas enumerando los reyes de España desde 1492, se asustó, Los números bailaban muy deprisa en su cabeza. Su ordenador mental se paró, se oyó un BOOM y comenzó a echar humo.