631. BAMBU
Alfredo Elias Mondeja | '-

Papi no trataba muy bien a mami. Le daba bambú.
Mami aguantaba estoicamente y, tan solo, de vez en vez se la escuchaba sollozar.
Dicen que a todo se acostumbra uno. Y llegó un momento en que los cardenales en la espalda de mami eran tantos que casi podía montar una diócesis con personal religioso propio.
El pueblo entero admiraba el comportamiento de Mamá, su integridad: “qué mujer, qué valor, qué fervor religioso, qué santa paciencia… se está ganando el cielo”. Y Mamá aguantaba una paliza y otra y otra y otra…
Lo que había unido Dios…
Un día (si se dan cuenta, en todos los libros o narraciones, siempre pasan las cosas un día) algo sucedió que, como un resorte, impulsó a Mamá a actuar: Papá se había vuelto demasiado cariñoso con mi hermanita. En ese momento a Mamá dejó de importarle Papá, el pueblo, los cardenales y Dios…
Acudió a la Guardia civil (esos señores que llevaban, entonces, en la cabeza, como unos zapatos de charol invertido y con alas), fue y presentó una denuncia contra Papá.
Por el mero hecho de presentar la denuncia, Papá, dejo de pegar a Mamá (por ese mero hecho y por la sarta de hostias con la que la benemérita le obsequió. Otro gayo cantaría hoy si volviera la benemérita a “educar” a los maltratadores: la letra con sangre entra).
Planteó una demanda solicitando privaran de la patria potestad a Papá. Nosotros contábamos entonces con ocho y diez años (mi hermano, el de diez, contaba mejor que yo). Corrían los años sesenta (en todos mis libros los años no paran de correr ¿debería escribir algo sobre maratones?).
El Juez, lógicamente, concedió la privación de la patria potestad que había solicitado Mamá. Lo malo fue que Mamá no pudo leer la sentencia, había muerto, de vieja, hacia diez años. Nosotros, ya tenemos hijos casaderos y Papá… Papá no sabemos donde se encuentra así que nos resulta imposible comunicarle la sentencia en la que Mamá ganó el pleito y hacerle saber que ya no tiene la patria potestad.
Ahora corren los años noventa. (eso, a seguir corriendo). Hoy nos han comunicado la referida sentencia. Han pasado en torno a cuarenta años… pero, no importa: Mamá ha ganado el pleito, ¡que se joda Papá!