923. BARRILES
Jesús Francés Dueñas | Del Montón

Los barriles ya no servían para nada. O para todo. Se vendían al mejor postor en una carrera vertiginosa mientras el precio de estas piezas subían proporcionalmente a su escasez y a la alta demanda. Unos iban al decorado de películas de época y otros hacían de mesa en bares selectos con aire vanguardista y retrogusto vintage. Anticuarios y marchantes se peleaban por estos artefactos de lujo que pronto se exhibirían en los grandes museos del mundo. Solo artistas reconocidos, los más pujantes, estaban en condiciones de adquirir estos barriles casi extintos. Era el final de una época, de un estilo de vida, de un oficio, de unas palabras y de un lenguaje de los cuales tan solo darían testimonio alguna colección privada y unos cuantos libros especializados.

Mientras tanto, en un rincón de la bodega de su antigua mansión, un arruinado Sir Ralph George Percy III, sexto vizconde de Northumberland degusta el mejor y único caldo que queda en el mundo. Y bien caro que le ha costado. A su alrededor un ejército de operarios de mudanza, inmersos en una actividad frenética, desmantela con sigilosa eficacia la fortuna que durante siglos había amasado esta estirpe dedicada al comercio vitivinícola. Ya no quedaba nada. La bancarrota de este linaje era tan solo una de las consecuencias del cambio climático. Y no la más grave, por cierto.

Mientras Sir Ralph bebe el último vaso de vino piensa que, después de todo, tampoco se está tan mal viviendo en un barril.