BATALLAS
Silvia Gonzalez | Drómeda7

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Habían quedado para conocerse a las 21:35h en el Palacio de la Luna del reino de Arkham, pasada la Laguna Gris que separaba las Montañas Mágicas del Desierto Rojo. Él había propuesto avanzar la cita media hora para ver juntos el anochecer de los Soles Gemelos, pero ella no podía llegar antes. Al parecer, tenía misiones que cumplir.



Cuándo la vio acercarse, supo con certeza que jamás había conocido a una criatura más bella. Esa larguísima melena naranja, esa piel azul con escamas de pez, esos enormes ojos que cambiaban de color cada tres segundos, y el detalle, tan tierno, tan gracioso, de las orejas puntiagudas… era perfecta. La espera había valido la pena: Drómeda7 era la maga más exuberante que su imaginación hubiera podido concebir, y rebasaba todas las expectativas que un Guerrero del Pantano podía albergar en ese reino.



Se saludaron cortésmente, él con una pequeña reverencia, ella con una sonrisa que iluminó el Estanque de Medusas Fluorescentes. Él chasqueó los dedos, y una orquesta de elfos empezó a tocar la pieza de Mozart que había elegido para la ocasión. Cogidos de la mano, recorrieron las murallas del palacio hasta la torre principal, desde la que contemplaron la lluvia de estrellas más allá de la Constelación de Idrún.



Él le habló de las batallas que había tenido que librar para llegar hasta allí, y enumeró cada una de las pruebas que el Gran Artífice había puesto en su camino: el Dragón Furioso, la Bruja Loca, las Arenas Movedizas y la Terrible Tempestad. Le contó cómo había incrementado su Honor y su Resistencia durante aquella jornada de duro sacrificio, lo que le había valido la mejor de las recompensas: el anhelado Casco Alado que ahora ponía enteramente a su disposición.



Drómeda7 no pareció impresionada por ninguna de sus gestas y hasta ignoró la ofrenda que él había depositado a sus pies como muestra de amor. Para desconcierto del Guerrero, la bella maga empezó a hablarle de un duro día en la oficina, contestando mails y soportando al pesado de su jefe. Le contó que, después, había tenido que ir sola a la reunión de la Asociación de Madres y Padres de la escuela, que le había parecido eterna. Le dijo que su madre había llamado para invitarles a comer el domingo, que había llegado un aviso de impago de la factura de la luz y que ya no quedaba leche desnatada en la nevera. Por último, le preguntó qué prefería cenar, una tortilla francesa rapidita o una pizza descongelada al microondas.



El Guerrero del Pantano se quedó unos segundos en silencio. Contempló el bello rostro de la Maga, la lluvia de estrellas más allá de Idrún, el Estanque de Medusas, la orquesta de elfos, y se dijo a sí mismo que no había sido buena idea planificar aquella cita para un miércoles lectivo.



Se quitó las gafas Xtra34 Real-V, suspiró, sonrió a su mujer, y respondió:



_ Mejor pizza.