BAUTIZO EN TINDER
IOSUNE CELIGÜETA MARTINEZ | icelmar

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Valentina se había separado hacía mas menos un año y nosotras, sus amigas, le animábamos a que pudiera conocer a alguien en cierta aplicación de moda entre el público adulto, el famoso Tinder. Ella se mostraba reacia a conocer a gente por el móvil, pero al final claudicó, y creó su perfil, donde se mostraba tal y como era, fiel a ella misma. Estaba en casa aburrida pasando lista al catálogo de dicha aplicación, cuando de repente da con un match, un hombre de su misma ciudad, Fernando, incluso del mismo barrio donde ella se crió cuando era pequeña, comienza la conversación con él y mientras tanto nos va informando a las amigas en chat privado, todo va fluyendo, hecho que le reconforta para seguir conociéndole, y creer en las “relaciones a través de pantalla”. Al día siguiente vuelven a charlar, y siguen fluyendo, Valentina le propone quedar personalmente, a lo que él accede, pero mientras ella se está preparando para la cita, él ya está desconectado del Watssap, y a veinte minutos de la hora señalada le escribe que no puede acudir por un imprevisto; Valentina defraudada pero intentando comprender el desplante, justifica que algo importante ha tenido que pasar para no acudir. Aunque encajó el primer golpe bien, empezó a impacientarse porque ya no tuvo señales de vida de su cita, a Fernando parecía que se lo hubiera tragado la tierra. De repente Valentina sintió un pálpito, no le había gustado a Fernando y éste no había sido sincero con ella. A la mañana siguiente seguía sin noticias de él, y fue cuando Valentina salió de su cascarón, dejó su inocencia a un lado y se creó un nuevo perfil esperando un solo Mach, el de Fernando, que llegó enseguida, Valentina le siguió la corriente y quedaron, (a ver si esta vez se materializaba la cita), solo que Fernando no sabía que la chica con la que acababa de quedar era Valentina. Se acicaló y salió de casa, necesitaba decirle a la cara que así no se hacen las cosas. Quedaron en un centro comercial, Valentina llegó primero, sin bajarse del coche, vio como un chico llegaba y miraba alrededor, buscando a su cita, cuando Valentina bajó de su coche y dirigiéndose a él mirándole a los ojos, le dijo: “¡sorpresa!, soy Valentina, la chica a la que le diste plantón y desapareciste por la puerta de atrás; esto no se hace, si no te gusto dímelo desde el primer momento y lo dejamos, pero no crees falsas esperanzas, y por cierto, esto te has perdido, colega”, mientras se señalaba con la mano ese cuerpo esculpido, Fernando se quedó mudo y antes de que pudiera articular palabra alguna, Valentina, de nuevo en su coche, nos llamó para contarnos lo que había hecho, no podíamos parar de reírnos, para nosotras Valentina era una luchadora, pero ahora esto la honraba, aunque cierto es que la vida no suele ser como la imaginamos, pero ante todo la sinceridad por delante