1107. BEEEEBIENDO
Juan Sandoval | Juanma

Terminar una relación de 12 años lo llevó crear una cuenta en Tinder. Después de estar tanto tiempo fuera de las pistas entró a un mundo distinto, lleno de berenjenas y duraznos por descubrir, días después deslizaba a la derecha y a la izquierda como un experto, así se sentía, no sabía que las aplicaciones son por regla intuitivas. Un perfil llamó su atención, sólo mostraba su nombre como “C”, un par de fotos de laderas llenas de verde, árboles y mucho sol, su descripción decía “Soy un alma libre, nadie me controla”, era una frase extraña, aunque sintió que reflejaba su estado actual o a lo que él aspiraba, deslizó hacia la derecha. La palabra mágica apareció… MATCH, decidió hablarle, hubo química, aunque C no quiso revelar su nombre. La conversación fue bien, ella le había gustado, él obviamente censuró detalles, tenía que venderse bien, por ejemplo, no contó que al terminar su relación anterior le rompió toda la vajilla que su novia había heredado, tampoco contó lo que le había gritado desde la calle (insultos que no son para repetir sobre este escrito). Quedaron en conocerse el jueves en la tarde, ese día que no compromete a nada, si eres aburrido un jueves se entiende. Llegó con 15 minutos de retraso, saludó a la camarera y ella le indicó la mesa que estaba reservada a su nombre. C lo esperaba, era una cabra, literalmente una cabra. No quiso ofenderla escapando, principalmente porque sabía que las cabras son fuertes y él ya tenía 35 años, sin afición al crossfit ni a ningún deporte de fuerza, de hecho, sólo jugaba pádel. La cabra, de ahora en adelante Carolina, se puso en dos patas (ósea de pie) y le dio los dos besos que correspondían, “eres más alto en persona”, él no supo qué responder, pidió a la camarera una doble, estaba tan incomodo que entre las marcas disponibles pidió la que menos le gustaba. Le preguntó a Carolina si quería tomar algo, ella le dijo “no, gracias ya estoy beeeebiendo”. Al bar entraron dos mujeres, una de ellas la mejor amiga de su ex, se sentaron en una mesa cercana, pudo escuchar que la amiga decía “era lógico, el muy…”. Se sintió rojo de la vergüenza, Carolina lo miraba, le dijo si le había pasado algo,»no, nada» y torpemente le preguntó ¿cuánto es lo más alto que has subido en un cerro?, a lo que ella muy molesta le dijo “tío, qué te crees que nosotras lo único que hacemos es subir los cerros, yo soy doctora, especialista en neurociencias”, desde la mesa de al lado le gritaron “sabía que meterías la pata”, Carolina respondió “a ti ¿quién te invitó a esta fiesta?”, la amiga de la ex les lanzó un vaso hacia la mesa y Carolina se desmayó y quedó en cuatro patas, pero hacia arriba. Él solo pudo decir que era normal, a algunas cabras les ocurría, lo había visto en un meme.