971. BIENVENIDOS AL PARAÍSO
Ignacio Hormigo de la Puerta | Hungry Humbert

A ver, esto está muy bien, para qué negarlo; árboles a cascoporro, inmensos prados de flores y verde hierba, el cervatillo de turno, brincando alegremente por ahí… literalmente un edén, pero en lo que a opciones de ocio se refiere, está bastante muerto. En el Paraíso no hay gran cosa que hacer; andar de acá para allá, todo el día en pelotas, pillando un moreno integral que ríete del de Cristiano Ronaldo, contemplar la danza de apareamiento de las avutardas, tirar una caña al Éufrates y esperar a ver si pica algo, bebiéndote unos tercios bien fresquitos… Precisamente en esas andaba cuando escuché un gañido.
—¡Ya se están peleando otra vez! ¡Diles algo, anda, que a ti te hacen más caso!
Era mi costilla la que gritaba. Eva parece poca cosa, pero tiene los pulmones de Pavarotti. Cada vez que los niños sacan los pies del tiesto, pega una voz y ahí está su padre para hacer de poli malo.
Caín y Abel no es que fueran unos niños chungos, pero eran un poco trastos, estaban todo el día a la gresca, cosas de chavales. Se que no es excusa, pero cuando estoy a lo mío, no me gusta que vengan a tocarme las narices.
—¡Déjalos que se maten! —fue mi respuesta.
Visto ahora, a toro pasado, reconozco que fue una elección de palabras bastante desafortunada. Cómo iba a imaginarme que a Caín se le iba a ir la mano con la quijada de burro e iba a dejar a su hermano seco en el sitio. Después del fratricidio, Caín se pilló una depre de caballo, se hizo hare krishna, cogió una Ducati que le habíamos regalado por su cumpleaños y dijo que se iba a recorrer el mundo y a purgar su culpa a base de meditación y castidad.
Ahora nos hemos quedado solos Eva y yo. Con el síndrome del nido vacío y tal, mi churri está de un humor de perros. Hoy me ha puesto a ordenar la choza. En una pila de papeles, entre publicidad de delivery y números viejos del ¡Hola!, he encontrado el contrato de alquiler de la finca. Ya que lo tenía en la mano, he decido echarle otro vistazo. En su día no me paré mucho, la verdad, el dueño parecía una persona seria, supongo que por las largas barbas blancas de anciano venerable, que dan mucho porte. Las condiciones de arrendamiento eran un chollo, bien mirado, hasta sospechosamente buenas. Tras un rato leyendo, me topo con el punto séptimo de la letra pequeña: “El arrendatario se abstendrá de hacer usufructo de los frutos del manzano sito en la parcela número veintisiete, siendo el incumplimiento de este punto motivo de ruptura inmediata del contrato, lo que acarreará el subsiguiente desahucio”. ¡Los caseros y sus cláusulas ocultas! Con lo que se pirra mi Eva por un buen strudle. Ya te lo digo yo, ¡la cosa se va a liar parda! Me veo teniéndome que ganar el pan con el sudor de mi frente.