BLANCANIEVES
Helena Ortiz Gil | Sardina

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«- Reserva a nombre de … preguntó el simpático camarero.

– Helena Nito, digo separando claramente nombre y apellido, con mi tradicional paciencia cuando me hacen esa pregunta. Estoy harta de las bromas. ¡qué ocurrentes mis padres!

– El enanito como en Blancanieves. ¿te puedo poner la reserva a ese nombre?

Me costó responderle que sí; pero era tan simpático, que accedí.

– Un teléfono de contacto, por favor.

Me pareció gracioso dar el número de David. Era nuestra primera cita y se quedaría impresionado que hubiese logrado mesa en ese restaurante, tan solicitado.

Sólo quedaba disponible una mesa, y en el último turno del servicio. No es lo mejor, pero era lo único conseguible. Yo feliz, ya me imaginaba el desenlace romántico con David… habíamos chateado mucho, llamadas, videollamadas y sin duda: me gustaba mucho y él tenía ganas de tener una relación estable ¡por fin, pensé!.



Me preparé a conciencia: minifalda, tacones, labios rojos, y recordatorio mental de todos los temas, risas y conversaciones con David. Fui en metro; me dijo que no cogiera coche, que luego él caballerosamente me llevaría de vuelta a casa… o previamente a un hotel, me dijo pícaramente.

La Ley de Murphy: el metro sufrió una avería y nos obligaron a usar el servicio sustitutivo en autobús. Cálculo rápido: llego tarde 25 minutos.



Mientras tanto, en otro lugar de la ciudad:

– ¿Perdón? ¿Qué dice de una reserva para 2 en su restaurante a nombre de Blancanieves? Esto debe ser una broma; he cogido el móvil de mi marido mientras él se ducha porque luego tiene una cena de trabajo.



Yo llego corriendo al restaurante, despeinada y con dolor de pies. Sé que es tardísimo, y sólo espero que me espere con buen humor:… es nuestra primera cita.

– La mesa de Helena Nito, digo al llegar.

– ¿Perdón? Me mira extrañado. No tenemos nada con ese nombre.

Pienso que no puede ser; pero rápidamente recuerdo la broma del gracioso camarero. Y rectifico: “No, perdona, a nombre de Blancanieves”.

Me contesta sorprendido ¿de verdad, Blancanieves?, y le sonrío con cara de “siéntame ya en mi mesa, que me espera mi príncipe”. Me dice que no ha llegado nadie y que, al avisar por teléfono de la reserva, le han cancelado la mesa de muy malas maneras.



¿¡¿¡quéééé!?!? Le llamo por teléfono, y no da tono: ¡me ha bloqueado! La sorpresa se convierte en enfado, e inmediatamente en indignación.



Toda orgullosa le digo al camarero…

– Si aún está la mesa disponible, será para 1 comensal; y traígame el menú degustación con maridaje premium.

– La cocina cierra en 10 minutos, pero nos da tiempo a atenderle como se merece, señorita.



El servicio fue impecable. En los postres, con el maridaje de vino completo y una nube etílica en mi cabeza, pregunté al camarero si fue él quien me había cogido la reserva. Me contestó sonriendo que sí. Mi siguiente pregunta fue: ¿cuándo acabas el servicio?, dije cambiando el guion de esa primera cita.

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