Boletus con trufa
Elena Rosillo | Rosi Fraggle

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«- Ni se te ocurra irte con él.

María casi escupe el vino del susto.

-¿¡Pero usted quién es!?

Aquella señora se había plantado en la silla de Peter aprovechando su marcha a los aseos y la miraba con unos ojos desorbitados y extrañamente familiares.

– ¡Soy tu, estúpida!

María observó la copa de vino y decidió adelantar a aquel momento su decisión de todos los domingos: dejar de beber. Eso sí, antes le dio un sorbito. Para aclararse.

La señora, entonces, le apartó la copa de los labios.

-¡Céntrate, no tengo mucho tiempo! Y en tres años te va a subir el colesterol y no vamos a poder beber nada, vete acostumbrando.

María miró alrededor, buscando un camarero al que pedir ayuda o bien si Peter había salido ya del baño. Lo único que encontró fue la mirada de aquella desquiciada.

– ¡Escúchame! – espetó,- yo sé que ahora te parece perfecto y maravilloso, pero dentro de un año no te va a tocar ni con un palo y se va a pasar las noches en el sofá viendo el fútbol, dentro de dos años se va a quedar calvo y dentro de tres años lo vas a tener difícil cuando quieras justificar por qué vuestro hijo es tan rubio, ¿me entiendes?

María no entendía nada. ¿Hijos? Definitivamente aquella mujer no era ella, aunque le quedaban muy bien las canas. Añadió a su lista de decisiones la de dejar de teñirse el pelo.

Tan rápido como llegó, la mujer se fue. Justo a tiempo para que Peter recuperase su asiento y el camarero llegara con aquella pizza tan calentita y apetitosa. “Boletus con trufa”, presentó triunfal.

-¡Mi favorita! – sonrió Peter, dándole las gracias al chico y pidiendo otras dos copitas de vino.

-No, para mí no…- saltó María, sin saber muy bien por qué.

Peter frunció el ceño, preocupado.

– ¿Todo bien…?

María trató de disimular.

– Sí, claro… – María miró alrededor. – Oye, ¿has visto a una mujer que…?

Pedro levantó una ceja. Era su oportunidad.

– La única mujer a la que quiero mirar esta noche eres tu.

A María casi se le caen las bragas. Vale, era manido, pero es que era tan guapo…

-Oye, ¿te puedo preguntar una cosa un poco tonta…?

Peter se inclinó sobre la mesa y le cogió la mano. Era la primera vez que lo hacía.

– Lo que quieras.

– ¿A ti… te gusta el fútbol?

Peter soltó una carcajada estratégica mientras retiraba su mano para recolocarse el delantal que yacía en sus rodillas.

-No, por favor… ¿Crees que soy tan básico?

Antes de volver a coger su copa, la pulsera con la bandera del Atleti había desaparecido de su muñeca.

María sonrió y se dispuso a atacar la pizza.

-También es mi favorita.

Después de todo, solo era su primera cita. «