1023. BOLITXE
Borja Sáez de Lafuente Olarza | Monogatari

Me disponía a atravesar el arco de seguridad para embarcar en uno de los vuelos de una compañía de puntualidad distraída. Pasé el detector, ufano, triunfante, ni un pitido, silencio. No había olvidado colocar nada en la bandeja. Se me acercó un agente de trato agradable, no tanto a la vista. Su silueta de matrioska ataviada con el traje reglamentario de la Guardia Civil con el tricornio coronando su cabeza resultaba en conjunto inquietante.
– Disculpe caballero, es un control aleatorio. Por favor extienda las manos. Rutina. – Me dijo muy amablemente con el aplomo que da llevar unas esposas colgando y una pistola en el cinturón.
– ¿Disculpe? – No sabía si había entendido bien la orden.
– Es un control de drogas rutinario y aleatorio. Extienda las palmas de las manos hacia arriba que vamos a tomar unas muestras.
Resulta curiosa la facilidad que tienen nuestros cerebros de traicionarnos. Intenté recordar mi último contacto con la droga, y el más reciente había sido el último capítulo de Narcos la semana anterior. “No me jodas, en una semana no puedo dar positivo, si además…solo vi la serie”. Aquél había sido mi último contacto con cualquier sustancia estupefaciente en décadas, y sin embargo mi cuerpo empezó a temblar como si tuviera el síndrome de abstinencia. Un compañero del agente Boliche se acercó con unas tiras impregnadas de algún reactivo delator. Mientras me tomaba las muestras delante del resto de pasajeros que hacían cola para sortear el control de seguridad, con mi consiguiente sonrojo, algún espabilado poco viajado murmuró mientras se ponía el cinturón en la cintura y no en el cuello que era donde debía ceñirlo: “Mira, uno que duerme en el calabozo”.
– Tranquilo caballero, es solo un momento. – Tan pronto como acabó la frase, se acercó la emisora a la boca, hizo un gesto a otro de sus compañeros de cuerpo, y en un momento estaba rodeado por cuatro agentes de la Benemérita. Esta vez, el rictus del menudo agente “Bolitxe” era más sombrío, y sus tres colegas… sonriendo no venían. “Mal asunto”, pensé. “¿Ver “Narcos” da positivo?¿En serio?”. – Tenemos un positivo en explosivos.
En ese momento eché en falta la mullida seguridad que siempre insufla un buen pañal de doble capa.
– Perdona, ¿en explosivos?
Mientras el voluntarioso numerario Boliche desenfundaba su pistola enredando patoso sus dedos tipo bratwurst en algún lugar indeterminado entre las cachas, el seguro y el gatillo preso de un ataque de pánico, su superior, más templado me preguntó:
– ¿Cuál es su profesión?
– Calderero-soldador – respondí con la voz de un castrati.
– Ok, restos de materiales de soldadura usados en la fabricación de explosivos.
Una detonación silenció el aeropuerto. En el suelo con un orificio de entrada en su nuca yacía tendido el turista que no acertaba con la hebilla del cinturón
– ¡Bolitxe! Mira cómo has puesto todo. Que vengan las de la limpieza. ¡Con este van tres este mes!
Sobresaltado, recé para que fueran aquellas las únicas turbulencias del vuelo.