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Carlos Curiel Palomino | Abose

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En la terraza de una cafetería, una mujer lee un libro, sus labios murmuran las palabras impresas. Al levantar la mirada, Julia, observa como el sol tiñe de tonos cálidos los adoquines que rodean la plaza del Carmen, donde unos ancianos dan de comer a las palomas.

De repente, Marcos, un hombre de aspecto distinguido, se acerca a la mesa de Julia.

—Disculpa por interrumpir tu lectura, pero he visto que llevas unas gafas de sol intrigantes—comenta con una sonrisa, dejando un maletín en la mesa.

Julia levantó la mirada y responde con picardía.

—Son mi escudo contra el mundo, Marcos —¿Qué te trae por aquí?—

Marcos se acomoda en la silla opuesta.

—Solo busco un buen café —¿Puedo charlar un rato contigo?—

Riendo, Julia asiente,

—Por supuesto, siempre es un placer conversar con alguien que se fija en unas gafas oscuras.

—¿Cuál es tu historia, Marcos?—

—Te voy a contar Julia, el argumento de mi próxima novela

— A ver qué te parece—.

Marcos saca un portátil de su maletín, con premura lo enciende y al momento empieza a leer:



—En las callejuelas de Winson Green, donde la neblina se enreda con la luz de farolas parpadeantes, se erige un decadente club llamado «El Eclipse». Sus paredes de ladrillo desgastado y la música de jazz ahogada en el humo de cigarros, crean el escenario perfecto para secretos y negocios que acechan en cada rincón. Entre sus mesas de mármol manchadas de intrigas, las sombras cuentan historias que solo los valientes o los desesperados se atreverían a descubrir.

Por allí deambulan preguntas y evocaciones inventadas.

John Harper es cliente asiduo en el Eclipse. Conocido y temido detective de Birmingham. Cuando entra, saluda y se dirige a la mesa del rincón. Dos tipos de mala pinta se levantan para dejar libre “su

mesa”.

El camarero le sirve lo de siempre, su wiski con hielo, y mientras lo remueve, empieza a pensar en su nuevo caso.



—¿qué tal?—dime algo.

—Me parece muy interesante Marcos—cuéntame un poco más.

Solicito, Marcos prosigue:



—Su móvil reaccionó ante la llamada entrante, Harper después de oír una dirección, se dirigió hacia allí en su Aston Martin.

A primera vista, daba la impresión de ser una casa antigua, al entrar en ella, se confirmaba. El espantoso crimen que se había cometido en aquella mansión, iba a suponer para John Harper, lo que con un escalofrío intuyó. El mayor reto de su vida de detective.



—¿Que te parece?, dijo Marcos con impaciencia.

Julia, que estaba con los ojos cerrados y en silencio, de repente,¡ exclamó !

—Estoy deseando leer tu novela, Marcos.

Este, asiente agradecido porque sabe que una buena crítica de su amiga Julia, es el preludio de un gran éxito literario.

Entre risas y anécdotas, la cafetería se llena de complicidad, creando un pequeño universo donde las palabras fluyen tan fácilmente como el aroma del café recién hecho.