BORrASCA
EL3NA MARTÍN HERRERA | Helen

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Vuelvo a casa con la sensación de haber vivido un momento especial. ¿Es así o solo es la mezcla de ingredientes de la noche?

Mientras hago el camino de vuelta,voy repasando los momentos de la noche, la verdad es que llevaba algo nerviosa toda la tarde, no en sí por la cita, sino porque parecía quectodo se había confabulado paracquecel día fuera un desastre. El ttiempo, la hora, el día de ña semana…

Había previsión de borrasca todo en fin de semana.

–¿No podemos quedar orto día?–le dije por teléfono.

–No, lo siento, es el único día dexque dispongo –vaya suerte la mía, pensé, un domingo por la noche y lluvioso.

Para colmo, aquella mañana me había levantado con un ojo enrojecido, apenas perceptible, pero lo único en lo que me fijaba al mirarme al espejo.

Me arreglé con tiempo, pelo, maquillaje y atuendo discreto, no hacía día para ponerse sexy. El mejor complemento habrían sido unas botas de agua.

Salí a la calle y cogí un taxi.

–Nos vemos en la puerta si no te importa, si quedamos dentro se notará que es una primera cita.

Me bajé del taxi un poco antes de llegar a la puwrta del restaurante, a pesar de la lluvia y su efecto sobre mi pelo.

Le vi según iba acercándome, alto y bien arreglado. La impresión fue positiva, muy positiva.

Nos saludamos con dos besos y entramos. Una vez sentados a la mesa la conversación comenzó a fluir de manera espontánea.

Cenamos, bebimos vino y hablamos sin tregua, unas veces él, otras yo. Había mil cosas que contarse. Él eta amable y simpático, la conversación fue distendida y me hizobreir. Se me había olvidado el aspecto de mi pelo y mi ojo enrojecido.

Alargamos la nochetodo lo que pudimos, éramos los últimos del local y decidimos pagar le cuenta.

–Me lo he pasado muy bien — dijo mirándome con una sonrisa franca.

–Yo también– contesté intentando disimular mi entusiasmo.

Paré un taxi y nos despedimos con dos besos. No concretamos en vernos.

Según abro la pueeta de casa, suena el teléfono.Es eĺ.

Fuera ha dejado de llover.