1395. CABEZAS PENSANTES
ANDRÉS PRESA VILLA | DEROS

Era una gélida tarde londinense, pero el Museo de Historia Natural estaba en ebullición. En el gabinete de nuevas adquisiciones, un numeroso grupo de científicos se arremolinaba en torno a una mesa de madera sobre la que descansaba el esqueleto de un pequeño animal. Junto a él, una tarjeta rezaba lo siguiente:
» Procedencia: Isla de Pascua, Chile
Expedición: anónima
Orden: roedor
Especie: por catalogar »
Se trataba, en efecto, de un roedor; las vértebras de la cola y su constitución redondeada no dejaban lugar a la duda. Pese a su apariencia anodina, había un aspecto del animal que traía de cabeza (nunca mejor dicho) a los científicos: el esqueleto presentaba dos cráneos.
Del nutrido grupo de eminencias pronto empezaron a surgir las primeras interpretaciones de tan extraño fenómeno.
Deville, el conocido naturalista francés, creía que estos mamíferos eran más propensos a alteraciones genéticas debido al peculiar ecosistema de la isla, que trastornaba su dieta habitual.
El excéntrico alemán Humboldt también tenía una fantasiosa teoría al respecto. En su opinión, el origen de la anomalía estaba en los frecuentes ataques que los roedores sufrían a manos de las abundantes aves de la isla. Según Humboldt, la conocida predilección de algunas aves por atacar en pareja llevó a sus presas a desarrollar una segunda cabeza como un mecanismo de defensa. Este desarrollo se llevaría a cabo mediante un proceso evolutivo similar al que sufrieron las jirafas con sus cuellos.
Fuera como fuese, todos los científicos presentes coincidieron en la extraordinaria relevancia del descubrimiento. Cuando cayó la noche y llegó la hora de abandonar el museo, todos acordaron organizar una expedición urgente a la Isla de Pascua para investigar con mayor detalle el asunto.
La mañana siguiente, Klaus, el gato del conserje, entró en el gabinete de nuevas adquisiciones con los restos de su desayuno entre los dientes: una enorme rata que merodeaba por el museo. Tras desperezarse, decidió dejar el cráneo del animal sobre la mesa donde se encontraba el roedor austral bicéfalo, ahora transmutado en un diminuto dragón de tres cabezas.