Cabina
Jennifer García | MarMoka

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12 min, los cinco caracteres que iluminados en led amarillo cortan la respiración de Ana. Va a llegar tarde y en el anden no hay cobertura para avisar de su retraso. Se ha entretenido demasiado tiempo vaciando por completo el armario en busca del modelito perfecto para al final ponerse la camiseta de su grupo favorito. Tiene que ir de compras, se ha repetido mientras se pintaba la raya de los ojos. Lleva su mirada nerviosa de la pantalla del metro a la del móvil deseando que por arte de magia aparezca un tren no anunciado o un relámpago de cobertura que le permita disculparse.

El trayecto se le ha hecho larguísimo, pero por fin sale de la oquedad subterránea para dirigirse a la plaza. Salta de dos en dos los escalones de la estación y comienza a caminar al paso más acelerado que consigue, imaginándose a sí misma en una competición olímpica de marcha atlética. Al menos esa visualización ridícula consigue sacarle una carcajada y relajarse.

Se aproxima al lugar en el que ha quedado, la cabina de teléfono rota que hay junto a la perfumería. Sin embargo, no ve allí a nadie y eso que la plaza esta abarrotada de gente. Quizá ha pensado que la había dejado plantada y se ha marchado, o quizá ni si quiera se ha presentado. No sabe cual de las dos opciones le da más vergüenza. Saca el móvil que notaba vibrar desde el bolso y mira las notificaciones que han empezado a llegar al recobrar la cobertura. Ninguna de ella. ¿Debería escribirle algo?, piensa. “Ya estoy por aquí pero no te veo”, escribe apresurada. Lo lee y le suena fatal así que lo borra.

– Disculpa- dice una voz dirigiéndose a ella.

Levanta la mirada del móvil y la ve, ¿es ella?, piensa. Se parece mucho a la foto con la playa de fondo, pero ahora lleva el pelo recogido y duda. Tiene que serlo.

– Perdona, ¿eres Marta? ¿la que vende una cámara de fotos? – le dice sacándole por completo de sus pensamientos.

– Ehh.. – titubea- no, lo siento, yo me llamo Ana.

– Jajajaja ¡ya sé que eres Ana!, te estaba vacilando. Eres mucho más guapa que en las fotos. Llego tardísimo, lo siento ¿llevas mucho tiempo esperando? – dice con energía en la voz mientras se quita la coleta y sacude el pelo.

– No, que va. Acabo de llegar hace nada. Pensaba -piensa en confesarle que creía que no se iba a presentar o que se habría marchado, pero se calla a tiempo. Se pone colorada solo de pensar en confesar esas ideas.

– Hace muchísimo calor… Conozco un sitio por aquí cerca que es bonito y tranquilo para que podamos tomar algo y charlar, ¿te apetece?

– Claro – confiesa entusiasmada.

Se dirigen calle arriba dejando de lado la plaza. Ana suspira dejándose guiar y alegrándose por haberse atrevido a ir a la plaza. Parece maja y le hace muchas preguntas, así es más fácil.