Cada vez quedan menos primeras veces
Eithan Yepes | Eith

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Debo sobreponerme del acomodado pesimismo para sorprenderla. Su mitificación es otra forma de olvido. Después de la primera, otra, diferente cada vez. Quizá mejor, pero en todo caso marca de una carencia confirmada por enésima vez. Deben quedar cada vez menos. No podría recordarlas todas. Pero debieron estar ahí. Exponiéndome. Revelando lo terrible, en ocasiones bajo el aspecto de lo bello. Un olvido que acabó por mitificarlo. Y es por la indecisión respecto de querer lo bello y de huir de lo terrible que alguna vez aventuré un intento. Con ello no solamente vinieron pequeños aciertos en la noche, también las más horribles secuelas en su calma. Menos debería indicar entonces el camino de la tranquilidad del saber. Menos, sí, pero ¿cuántas? Ya no me consuela aquella perezosa certeza que dijo que lo único seguro es que nada lo es. Quizá tuvo algún efecto la primera vez. Dudo que lo tuviera una segunda. ¿Y ahora qué?, parece interrogarme un recuerdo artificioso. No es la primera vez. Tampoco lo es mi fracaso al tantear una respuesta. Quedo entonces a la espera de esa primicia que se resiste, quizá la única que siempre quede en reserva, inmune al sobrecogedor «cada vez». Esa que, por primera vez…