1110. CAÍDA LIBRE
Julio Montesinos Barrios | Rabar

Dicen que en los prolegómenos de la muerte, cuando las esperanzas tocan a rebato, la vida regurgita sus jugos en forma de recuerdos. Un suspiro agónico e irrefutable que resume existencias. Es cierto, lo exhalo mientras desciendo en caída libre hacia mi natural desenlace. ¡Qué corto se hace todo cuando ya no queda tiempo! Consciente de esta certeza, admito que mi paso por este mundo, aunque breve, no ha estado nada mal. Crecí sano, disfruté de una madurez plena y ahora, cuando llega el final, me despido dignamente sin llamar la atención.
Dos conocidos me acompañan en el mismo trance. Aterrizamos suavemente. Nuestra cercanía, más que de coincidencia sirve de confirmación. Por eso ahora, desde mi estertóreo contrapicado, dirijo una cáustica sonrisa al treintañero con entradas que detiene su alocada escritura en el portátil. Cruzamos las miradas mientras sus dedos me extraen del teclado. Y me voy orgulloso al otro barrio pues, aunque tan solo seamos tres insignificantes pelos, su antiguo dueño parece percatarse del auténtico valor de cada uno e intuir la que se le viene encima.