519. CAMARERA, POR FAVOR.
Isabel Granero Iglesias | Cardón

Despunta la mañana intensa del ajetreo en el restaurante. Hoy se abre para celebrar la boda de la joven Liany con su queridísimo novio, el joven Manolo. Y por qué será que digo “joven”. Te digo yo, que la semana pasada me enfadé ante el banquete que dábamos. Se casó la Haydé con ese que joven no era. Que cuando yo los vi, creí de verdad que era su padre-abuelo. ¡Ay, que disgusto me llevé!
–Marianela, ven para aquí y ayuda. ¿Qué haces gesticulando? Estamos muy lejos de tener todo listo.
–No me grites, estoy pensando en los aperitivos que voy a poner……
–Ayúdame con esta mesa que hay que ponerla ahí. ¿Qué me decías?
–…voy a preparar las bandejas igual que la semana pasada.
–No, que estos son veganos.
–Pero ¡qué dices!
–Además, los novios nos han pedido que lo hagamos buffet. Vamos a dividir la mesa en vegetales crudos, guisados y a la plancha.
–¡Menos mal que no me han invitado!
–Tú te lo pierdes… por cierto, ¿ayer quién se comió el pastel de verduras?
–…
Afanados continuaron engalanando el comedor cuando aparece por la puerta Matusa que trae impresas la nueva carta del restaurante.
–Hola chicas, chicos ¿cómo estáis?
–Hola –dicen todos al unísono.
–Tomad las cartas y memorizadlas ahora, que el próximo día serviremos ya esta y quitad las viejas.
–Pero Matusa, ¿has visto esto que pone aquí?… cerda a las mostazo, costalla al brazo…
–A ver, Manuel, que no me lo puedo creer, ¿cómo pueden ser tan torpes de escribirlo mal?
–Oye, no te enfades conmigo, que no tengo nada que ver.
–¿Quién escribió esto? –Preguntó curiosa Belén desde la esquina de la barra.
–¡Yo! –contestó enfadada Matusa.
–¡Bueno!, no pasa nada Matusa, cálmate –contestaron todos.
–¡No puedo!
Salió histérica con las cartas en la mano. Suena el teléfono.
–Conteste el que esté más cerca –dijo Belén.
–Tú, guapa, y además, no estás haciendo mucho.
–Oye, Antonio, no te pases de listo.
Abren las puertas a los novios y a sus invitados quienes siguen de celebración en las mesas.
–Felicidades, bienvenidos, por aquí, por favor.
–La boda ha sido preciosa, cuánto he llorado –dice la madre de la novia.
–Sí, parecías una catarata, en vez de llamarte María del Carmen deberían llamarte María Magdalena.
–Pero es que no te has emocionado ¡cómo brillaba tu hija!
–Sí, pero ahora voy a llorar yo, que se nos va.
–De eso nada, ¡ganamos un yerno!
–…Eso me temo.
–Se acabó, cariño, quiero divertirme y disfrutar. Camarera, más vino.
–Aquí tiene.
–Un brindes por los novios –dijo un invitado levantando la copa.
Todos levantaron sus copas entre vítores y risas.
Después de un rato…
–Escuca mi querio suegro –apoyado sobre él–. Te dilo que vas a estal orguloso de tene un yierno como yo.…
–(Dios, lo que me faltaba). Claro que sí. Vete para allá que te están llamando.
–Sí, mi suelo.
–¡Ay!, ¡a qué es un encanto!
–Mujer, si eso es un encanto, ¿qué soy yo? ¿Dios?
–Eres un quejica. Camarera, por favor.…
–Dígame, señora.
–Deme otro marido.
FIN