1564. CARAJILLO
Tristany Naharro i Oriol | Cenizorro

Pedro Carasopa, mi otro amigo Gerardo Caraplátano y yo, Caragarbanzos nos sentamos en nuestro sitio. Como cada día, todo el mundo estaba horrorizado por la idea que en el menú hubiera el plato con el que Él te había relacionado al conocerte y entonces te tocara ser hundido en… Como siempre, él fue el último en entrar, Jonathan el “Coleccionacaras.” Crujió los dedos lenta y delicadamente y nos miró uno a uno con una sonrisa afilada, sin manías por género, edad o enfermedades adjuntas.
Sonrió y se sentó en silencio, junto a sus hienas, digo… “amigos”. La cocinera apareció con su folio escrito a boli dispuesta a leer nuestro almuerzo y señalar al afortunado, nuestros corazones hicieron el redoble de tambores. Inesperadamente, el camión de la comida había sufrido un accidente y tuvo que improvisar, cocinando ella con lo que tenía: Ajos, sal y aceite.
Todos quedamos huérfanos ante la idea de un plato nuevo ¿Ajo frito? Miramos a Jonathan, que nos repasó, esperando encontrar alguien sin mote para poder ser bautizado, pero a esas alturas solamente quedaba una persona libre, él. Sin una palabra, todos nos levantamos al unísono, dispuestos a cobrar nuestra libertad usurpada. La cara se hundió en la pasta de ajo con un sonido de pedorreta. Pedorreta, bello himno de la justicia. Uno pasa años arriesgándose en las sombras promoviendo la rebelión hasta que ésta sucede de forma aleatoria, aunque implacable.
Ese fue el nacimiento del, aun ahora, único mote en la escuela.