162. CARTA A LA REINA
Eduardo Ruiz Fernández | Eduardo Martínez de Irujo

Voy a solicitaros, mi dueña y señora, que detengáis por breves momentos vuestras tareas de gobierno pues una gran amenaza llama a nuestras puertas: vuestro hijo menor, el Infante Fredonio, mantiene una correspondencia de dudosa moralidad con el Conde de Teolindo.

Hemos interceptado las cartas que a Fredonio le dirige. Y en estas cartas… En estas cartas… ¡Clamo al cielo, cuán díficil es poner todo en palabras! ¡Oh, reina y dueña de mi persona! ¡Oh, mi augusta dama! ¡El Conde de Teolindo es una nociva influencia para el Infante!

En estas cartas, el Conde habla a Fredonio sobre los beneficios del incesto o sobre drogas de importación extraídas de heces de animales extintos. También le exhorta a realizar violentas prácticas de autolesiones con los enanos de la corte.

En una de sus misivas, el Conde de Teolindo rememora una orgía romano-germánica de la que, presuntamente, nuestro querido Fredonio fue el máximo protagonista. Al parecer, vuestro hijo, siendo instigado por el Conde, desató la enajenación de todos los asistentes al comenzar a realizar prácticas boundage con los cuerpos de los fallecidos en la primera ronda de la orgía romano-germánica. Teolindo recibió una mención especial: Doctorum Originalis et Orgium Depravatum.

Me tomé la libertad de destinar hombres para el espionaje de vuestro hijo. Gracias a ello hemos evitado, en el último segundo, que esnifara cocaína de las nalgas de sus dos ayudas de cámara; hemos confiscado de su alcoba inmensas cantidades de sustancias que mantengo bajo mi custodia para evitar futuras desgracias.

Bien cierto que su padre, vuestro difunto marido, tuvo una juventud igualmente descocada. Es por ello por lo que, en primera instancia, decidí manteneros ajenas a las actividades de Teolindo. Al fin y al cabo son solo pequeños divertimentos de aristócratas. Pero, ¡oh, mi graciosa majestad!, hay cosas que es imposible pasar por alto, y aunque me produzca un tremendo dolor haceros llegar esta información, siento que es mi obligación para garantizar el futuro del reino.

Lamento comunicaros, mi adorada Reina, que tenemos suficientes motivos para creer que vuestro hijo se ha hecho del Real Betis Balompié. Al final de este escrito encontrará el carnet de abonado que encontramos en uno de los registros. ¡Tened mucho cuidado, no lo toquéis! Yo mismo, tras haber tenido contacto con el carnet, me sorprendí diciendo en sueños “¡viva el betis manque pierda!”. Me amputé la mano. ¡Qué difícil es escribir con la izquierda!

Podemos encerrar de por vida al Infante Fredonio, podemos impedirle que siga cayendo en los pecados libidinosos que ofrecen las carnes femeninas y masculinas, podemos evitar que ingiera sustancias psicotrópicas pero, mi querida soberana de mi existencia, vuestro hijo ya es del Real Betis Balompié y eso… eso es para siempre. No existe cura ni solución posible. Solo se me ocurre una. y es por ello por lo que os pido autorización para terminar con la vida de Fredonio. Es la única manera de salvaguardar el presente y el futuro de nuestro reino.

Vuestro más fiel siervo y consejero,

Gonzalo de Valdivia