1220. CARTA APROXIMATIVA SOBRE MÍ MISMO.
IGNACIO PARRAS GARCÍA. | Mertel.

Estimados, comprensivos y figuradamente responsables (puesto que no os conozco) señores de recursos humanos:
Me dirijo a ustedes, desde este ostracismo que es el estar parado inmemorialmente, y más a una edad de discreta madurez, donde todos mis demonios interiores a estas alturas de erosión vital los tengo aburridos por conjuntivitis y falta de recursos (perdonen el atrevimiento, yo pienso que el hombre en su fuero interno es simplemente casual, intrascendente), con el total convencimiento (lo juro desmedidamente) que para esta oferta laboral anunciada, implementada y muy sospechosa (por civilizada, humana) en los canales de uso comunitario de la red, yo soy el hombre.
No voy a andar en disquisiciones vanas y manoseadas, sobre mi supuesta experiencia anterior para ejercitar de forma profesional las derivas del entramado laboral, evidentemente no la tengo, pero en estos casos ya sabrán ustedes por su ilimitada experiencia, que queda muy bien decir, que uno aprende a pasos agigantados cualquier acometido y más siendo a cinco euros con cincuenta la remuneración por hora de este enriquecedor trabajo. Creedme, sigo siendo el hombre.
Siempre he pretendido ser feliz (aunque a mí estos grandes conceptos siempre me parecen una cosa muy abstracta y utilitaria, excesiva para el consumo), por eso como decía Demócrito, no me he ocupado nunca de muchas cosas, creo firmemente que a estas alturas de la vida, la moderación es más segura que el exceso (de todas formas, uno tiene sus brillantes días), a pesar de todo ello soy una persona con una capacidad de resolver conflictos pasmosa. No es por nada, soy vuestro hombre.
Para la empatía soy como las aporías de Zenón de Elea, insoluble. Sociable un rato, extrovertido acusadamente, aunque últimamente sólo salgo para renovar la necesidad de estar solo (ya sé que vuestra infalible condescendencia literaria ha adivinado que esta última frase no es mía, sino de Lord Byron, pero es que en mi favor debo decir que soy muy leído, aún no sirviendo para nada, o eso dice mi exmujer).
Oigan y optimista una barbaridad, ya me estoy visualizando encarecidamente en el magnífico puesto de trabajo, insisto soy el hombre. De carisma voy sobrado, pero no me quiero extender en demasía en la explicación no vaya a ser que resbale sin remordimiento. Por donde voy todo es alegría, no hay más escudos que las buenas intenciones para formar equipo, aún sabiendo que todos los actos son una huida, errada o no, por eso el personal coge unos berrinches de aúpa en los ambientes laborales (no se preocupen, mi intestino grueso está muy controlado, que es una cosa muy importante para desdeñar una sana comunicación, total que doy escasísimos problemas). Sé que ya lo tienen decidido, soy el hombre.
Relativo a la disponibilidad geográfica, en cuánto baje el precio del combustible, donde quieran.
Lo del horario, ya lo adecuamos cuando firme el contrato, sufro insomnio, tengo hijos muy desaprensivos y exigentes, benditos.
Un saludo. Regreso a mis cotidianidades. Soy el hombre.