1274. CATORCE GRADOS
JOSÉ SOSA ACOSTA | YAIERI

CATORCE GRADOS

Mi intención era loable, la verdad. Nunca pretendí caer en excesos. Solo quise entretenerme con la guitarra que me regalaron para el cumple apenas dos días antes, conseguir sacar esos acordes que tenía en la cabeza masajeando las seis cuerdas. Fin de semana, entretenimiento, un sábado para emplearlo en la afición favorita, escribir música. Ese era el marco de la intención, sin ninguna pretensión añadida.
Así es que fui al salón con el instrumento, cogiendo de la nevera la botella de vino que se incluía en los envoltorios de la fiesta tarta velera; de paso, una copita para verter solo un poquito.
Reposé el trasero en el sillón para seguir el ritual más inocente. Saqué de su funda el especial armazón de madera lisa y suave; Descorché el cilindro con su contenido oscuro, dejando caer en el interior del cristal hondo con su asa delgada la cantidad que cubría un tercio apenas. ¡Como no!, quise probarlo dejando caer en la boca el líquido, parecía lógico confirmar si estaba bueno ¡y sí!, sabroso, afrutado, quizás algo rasposo al paso por la garganta, aunque, aprobado con nota. Volví a cubrir, esta vez hasta la mitad del recipiente para tenerlo preparado.
Empleé algo de tiempo en afinar para que la caja de resonancia devolviera el sonido que esperaba, conseguido. Merecía un reconocimiento al esfuerzo empleado, otro sorbo hasta el fondo fue el movimiento instintivo que justificó el quiebro de muñeca para volver a rellenar.
Empecé a entonar la melodía que ondeaba en mi cabeza, aunque por instinto toqué las primeras cuerdas, MI, SI, SOL..ya estaba preparado para hacer combinaciones, tarareando simultáneamente . Las palabras emitidas de mi boca susurraban letras de canciones que venían a la cabeza y, me dio sed; fueron dos sorbitos, pero vacié la copa. A reponer tocaba, esta vez llenándola.
Seguí componiendo…. “la noche en que mi amor y yo nos besamos chispearon las estrellas sobre…” ¡Que bien!, estaba inspirado, hacía tiempo que no pasaba, ¿Sería el elixir mágico que reposaba ya dentro del estómago, evaporando su pequeño voltaje hacia las neuronas? , ¡Seguro que sí! Otro merecido premio que refrescara el gaznate, la finalidad lo justificaba… buen oído y mejor voz entonada.
Al paso de tres horillas, el líquido oscuro bajaba de la mitad en la botella sin precisar cuánto. Me subían Escalocalientes, aunque era una sensación agradable que animaba el ocio, sumergiéndome en un sopor inspirador. Las estrofas bailaban en mi mente cual melodía exitosa que encumbraba la dedicación más concentrada, según mis recuerdos. Volvía a repetir desde el principio para coger el hilo “la noozhe enque mi amoo yzz yooooo nos bezzs…” bueno, en aquel momento tenía alguna incomprensible dificultad.
Recuerdo que me desperté con la guitarra en el suelo y la botella aún asida con la mano derecha. Sorprendido por verla vacía, algo desorientado todavía, quise comprobar como había pasado el tiempo y el reloj tenía ya las 21:01 del domingo siguiente……Leí la etiqueta, ¡CATORCE GRADOS! , entonces lo entendí.