307. CAZURRA Y CALZONES SE MEAN EN LA CALLE
Luis Ángel Gil Urbón | adavive

Cazurra y calzones dan por la tarde los paseos más cortos. Apenas pueden llegar a la playa para pasear gratis por el paseo marítimo. Alargarlos es prácticamente imposible. La continencia de la pela guardada en los bancos junto la incontinencia urinaria no se lo permiten. Entrar a mear a una cafetería está totalmente prohibido, because el camarero les puede decir que para usar el baño hay que consumir, aunque sólo sea un café solo o con leche. Me veo en la obligación moral de informar a los ciudadanos gijoneses, que no se confundan ni se dejen engañar por estos impostores de la apariencia. Se visten los dos de domingueros, para provocar la envidia de la gente con la que se cruzan por las calles, porque a la cazurra le gusta provocar en los demás la insana envidia que la corroe por dentro. Es una envidiosa patológica al borde de un ataque de nervios, because el esmirriado calzones no se encuentra en sanas condiciones alimentarias para calmar sus ansias sexuales que rayan en ninfomanía. No gastan ni en condones de vistosos colores con los que hacer divertidos globitos que no pueden usar, porque debido a la edad hace mucho tiempo que han pasado tanto la menopausia como la pitopausia quedando totalmente secos y estériles. No son aptos para la reproducción. Para ellos gastar un euro en un café es un imperdonable pecado pero no lo es derrochar la pela en un coche de quince mil euros para intentar fardar en el pueblo, aunque sólo consigan hacer el más espantoso ridículo ya que los pueblerinos se pasean en bugas que triplican ese mísero valor. A la hora y media de salir están de vuelta en casa tirando de la cisterna.