1194. CERVEZA, CHICAS Y ROCKABILLY
Juan Santos | Jack Maltés

Siempre me han fascinado los años 50 americanos, el Rock and Roll, los coches largos y cromados, las chicas puntiagudas y de tubo. Un mundo rebelde en el que el rey era un rocker que surfeaba en las playas de Hawái y derretía a las rubias platino. Los 50 representaban para mi, españolito ochentero, un mundo idílico de rebeldes con causa, Cadillacs solitarios y el mítico asiento de atrás.

En los ochenta el bourbon era demasiado caro y sabía a rayos, pero el DYC con cola, si lo tomabas fumando un Lucky Strike, era lo bastante auténtico para fascinar a la rubia que te miraba desde el otro lado de la barra, la cual ya en el instituto te recordaba a Sandy, la de Grease, aunque no tan delgada. Era más barato beber cerveza. El lema del sábado por la noche era Cerveza, Chicas y Rockabilly.

El sueño era vivir en los 50 y finalmente lo he conseguido. Estoy en el 54… y prejubilado (tuve la suerte de currar en un banco).

El tupé hace tiempo que me dejó. Un viejo me dijo que si usas mucha brillantina se te cae el pelo, pero no se puede ser rebelde y hacerle caso a los viejos. Las cervezas me las tomo en el bar con los del barrio. Alguno aún imita a Bukowski y la mayoría son heavys de los ochenta, pero está todo olvidado y perdonado porque la alopecia nos ha hermanado. Chicas he tenido unas cuantas pero ya no están. Quise mucho a Isabel, la que me recordaba a Sandy, pero me dejó por un pijo de mierda. Ahora me conformo con la Sole que es buena gente y me quiere. Echo de menos el tupé.

Sigo escuchando rockabilly; me excita, me da ganas de bailar cuando lo escucho con el volumen a tope, aunque sin brillantina los bailes delante del espejo no tienen el mismo glamur. He de reconocer que ahora también escucho pop español de los ochenta, que antes no me gustaba, pero es que en esa época se hizo muy buena música en España. Siempre quise ir a L.A., dejar un día esta ciudad, cruzar el mar, pero no pude. No he vivido el sueño americano, he vivido el español, que España también mola, incluso con tantos “peros”.