CHOCOLATE DEL QUE TE GUSTA, TAMBIÉN BIZCOCHOS DE CANELA, FRESAS Y HELADO CON NUECES DE MACADAMIA…
Isabel Déniz Álvarez | FLAVIA

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Sonó la notificación del wasap. Una vez, dos veces, tres veces…así, como muy de seguido. De reojo miré hacia el móvil -que estaba a mi lado en el sillón- y volvió a sonar una cuarta y una quinta vez. Eso ya era extraño y solo podía ser mi hija así que puse en pausa a los de Modern Family y abrí la conversación con ella.

“mamá…”, “no ha venido…”, “me ha dado plantón…”, “me siento fatal…”, “solo quiero llorar…”

Se me escapó un suspiro de alivio…es decir, no era algo “grave”, no era nada “importante” ella estaba “bien”. Es inevitable que una madre piense así, me entendéis,¿ verdad?. Y sin embargo tras sentir el “alivio” también sentí el pellizco. El “pellizco” que te recuerda la fragilidad del corazón joven, del corazón ilusionado, del corazón inexperto y que ahora mismo es el corazón de tu hija.

Directamente la llamé, busqué entre las últimas llamadas y pulsé esperando tono.

“Dime…”

“Ven a casa, tengo chocolate del que te gusta, también bizcochos de canela, fresas y helado de vainilla con nueces de macadamia…bueno, no tengo nada de eso, pero salgo ahora mismo a comprarlo. Y luego ya mientras nos lo comemos ya lloramos juntas. O no, o tal vez nos riamos de la historia porque nunca se sabe…”

“Mamá…”

Me interrumpió como con queja, una queja a medio camino entre la risa y el llanto. Y me dio pena. Y también me dio rabia. Fue visceral. Sentir la rabia quiero decir, porque claro, es tu hija y tu, como madre, que además ya has pasado por historias varias y llorado lo tuyo quisieras ahorrarle ese y cualquier otro trago amargo. Sin embargo también sabes que es parte de la vida y que lo más suave que le puede pasar es “un plantón”, aunque sea el plantón de una primera cita.