1158. CHURACHANDPUR
Gustavo Eduardo Green Sinigaglia | Mechecede

El perro de casa se moría todas las tardes, con una asombrosa puntualidad: siempre a las seis.
La primera vez fue muy traumático para todos. Pasamos la noche desvelados, llorando, angustiados. A la mañana siguiente, cuando había terminado de cavar la fosa en el fondo del jardín, apareció Vladimir a los saltos escarbando por todo el parque.
El veterinario comprobó que la muerte era clínica, que no estaba jugando ni “haciéndose el muerto”, conoce casos similares en Siberia. Puede permanecer un día en ese estado.
Ahora ya nos acostumbramos, un poco antes de las seis le damos alimento, agua y lo
acomodamos en su almohadón.
Por supuesto que ya no cavo una tumba cada vez que muere.
Últimamente empezó a atrasar (entre unos cinco y diez minutos) y una tarde
-directamente- no se murió; eran las ocho y estaba masticando los cordones de mis zapatos de gamuza.
El veterinario dice que conoce casos similares en Otawa (de perros que mastican
cordones de zapatos de gamuza).
Ahora se muere cuando quiere y en cualquier parte. Una vez lo hizo cuando lo estaba paseando por el Parque Central (lo tuve que traer en ambulancia); en otra oportunidad sucumbió en pleno acto amoroso con la perra de la vecina (ella lloraba desconsoladamente), y hace una semana se murió en la peluquería. El veterinario dice que no conoce casos similares de animales que hayan muerto en la peluquería, si de
personas (recuerda el caso ocurrido en Keratsiniou donde una mujer fue electrocutada
por un secador de cabello).
Ayer murió el abuelo, a las seis en punto. Con la familia decidimos esperar para
velarlo, no sea cosa que pase lo del perro.
El veterinario dice que conoce casos similares en Bambadala de ancianos que mueren a las seis.
Tres meses después del hecho decidimos enterrar al abuelo. Ensanché la fosa del jardín y allí reposan sus restos (era su deseo).
El perro no se murió más.
El veterinario, antes de morirse, dijo conocer casos similares en Churachandpur donde los perros nunca mueren.